Desde su llegada a Pinamar en 2011, la abogada María Andrea Lizarralde construyó una carrera profesional basada en un principio fundamental: que cada cliente sepa con quién habla, conozca el estado de su expediente y nunca quede librado a la incertidumbre. Con más de quince años de trayectoria en la ciudad, abrió su propio estudio jurídico y consolidó una modalidad de trabajo que prioriza el trato directo y la cercanía.
Formación académica y perfil profesional
Lizarralde estudió en la Universidad Nacional de La Plata, donde se graduó en 2009. Además de su título de abogada, cuenta con formación como mediadora y como abogada del niño, y ejerce la docencia. Este perfil multidisciplinario le permite abordar los conflictos desde distintas miradas y ofrecer herramientas variadas a sus consultantes.
Especialidades: Derecho Civil y Familia
Su área de trabajo principal es el Derecho Civil. Allí asesora en operaciones de compraventa de inmuebles, redacta boletos de compraventa y contratos de alquiler, y lleva adelante juicios de desalojo, usucapiones y sucesiones. En paralelo, como mediadora, ofrece una vía de resolución de conflictos más ágil y menos adversarial, orientada a construir acuerdos que funcionen para todas las partes.
También atiende consultas en materia de Derecho de Familia: divorcios, alimentos, cuidado personal, régimen de comunicación y violencia familiar. "Son procesos que atraviesan momentos sensibles en la vida de las personas, y es precisamente ahí donde el acompañamiento hace la diferencia", explica la profesional.
El valor del acompañamiento real
Lo que distingue su trabajo, según Lizarralde, es el acompañamiento real: cada persona que la consulta es asistida y patrocinada de manera personalizada a lo largo de todo el proceso. "Mi compromiso es que el cliente nunca se sienta solo frente a una situación que, muchas veces, es nueva y compleja para él", remarca.
Con un enfoque serio, personalizado y comprometido, la abogada se consolidó como una referente en la costa bonaerense para quienes buscan resolver conflictos legales sin perder el vínculo humano con quien los representa.