Pinamar (por Sergio Michnowicz).- Cuando cumplió 46 años en Pinamar, lo entrevisté para que me contara una parte de su historia. La más reciente no hacía falta que la recordara. Estuvo como presidente en la Asociación de Concesionarios de Playa, formó parte de la Cámara de Comercio de Pinamar, activo integrante del GET o Grupo de Empresarios por el Turismo, fue presidente del Club San Vicente...
En política militó en el Justicialismo, donde llegó a ser concejal, presidente del HCD y luego Intendente Interino cuando Roberto Porreti fue desplazado en el 2008.
Su paso por el Ejecutivo aun hoy es recordado por el Sindicato de Trabajadores Municipales de Pinamar. Mejoró en forma sustancial los salarios, impulsó el respeto al Convenio Colectivo de Trabajo y pasó a planta permanente a muchos contratados que hacía decenios esperaban su oportunidad.
Con su simpleza, se ganó la simpatía de mucha gente. De los poderosos sí, pero mucho más de la gente laburante como él, gente de a pie que lo vio como ejemplo de progreso. Porque a pesar de las críticas que recibía, y las supuestas sospechas que levantaba, nunca dejó de ser aquel tipo sencillo que ayudó, colaboró, sacó plata de su bolsillo para una operación, estuvo al lado del necesitado, se ensució en el barrio, y un sinfín de acciones que lo marcarían de por vida.
Le decían “El gitano”, quizás por su pasado en Bs.As. cuando trabajaba con su padre en las chatarrerías. Y le gustaba cerrar los comentarios con una frase de tres palabras: “pim, pam, pum” o el clásico “me rio de janeiro”.
Rafael De Vito. El Rafa. El tipo que en marzo celebró sus 50 años en Pinamar. El que apostó al bosque y el verde, y nunca más se fue. Nos dejó esta semana, y seguro que ya estará armando una flota de camiones celestiales para recorrer las estrellas al lado de don Nicola y doña María. Y con Gastón volverán a “pelearse” como padre e hijo: uno por su amor a Boquita y el Rafa enfermo de San Lorenzo.
Hasta el reencuentro, Rafa querido.
Alma de camionero con corazón gitano
(Publicado en El Mensajero el 24 de Abril de 2022)
El empresario de la construcción cumplió 46 años en Pinamar. Sus inicios en Bs.As junto a su padre, la llegada en solitario a la costa, su paso por el Concejo Deliberante y el Ejecutivo Municipal y el presente que lo muestra como un amante de la vida. “Conocer al papa Francisco es un tema pendiente” comentó.
Pinamar (por Sergio Michnowicz).- Transportista y vendedor de materiales para la construcción. Cuenta con una impresionante flota de camiones que es la envidia de más de uno. Pero con orgullo dice que solo el trabajo, inculcado por su padre desde muy joven, le permitió llegar a lo que es hoy, una de las empresas más fuertes de Pinamar y del país.
Rafael “Rafa” De Vito (77) sabe que la apuesta fue a todo o nada. Y como toda moneda que vuela por el aire, la suerte también estuvo de su lado.
Un simple camionero
Salir del nido fue todo un desafío. Sus padres napolitanos Nicolás y María Annunciata De Maina habían llegado en el ’38, antes del inicio de la guerra. Trabajaron de lo que sea, hasta que en el ’50 lograron traer desde Italia al resto de la familia. Tenían el arraigo familiar muy marcado.
Pero él decidió romper con esa tradición y llegó a Pinamar un 15 de marzo de 1976. “Pasó un montonazo de tiempo” cuenta con su simpática verborragia este fanático de San Lorenzo y de los camiones. “Pero es como si hubiese sido ayer, porque en la diaria no notás la diferencia de tiempo. Para nosotros y para mí también es un orgullo estar donde estamos hoy. A pesar del sacrificio y del esfuerzo tenemos una sociedad de familia. Es toda una vida en Pinamar, prácticamente soy más pinamarense que porteño.”
“Me vine con un tractor a Pinamar. La primera obra que tomé fue la de Iachetti, del Hotel del Bosque, y luego a cargar tierra en un campo de Pinamar SA para hacer el golf nuevo. A partir de ahí creciendo, agregando rubros. Fuimos haciendo inversiones y hoy De Vito es lo que es debido al trabajo de todos y a la respuesta agradecida que tuve de la ciudad de Pinamar.”
“Así es que hoy tenemos un depósito grande del otro lado de la ruta, con las empresas de asfalto y hormigón. También es algo ecológico para Pinamar, porque adentro con la estructura que tenemos no contábamos con el espacio necesario para poder trabajar.”
“Después nos fuimos abriendo. Casa Vadago se fue, y nosotros fuimos incrementando rubros, armamos el corralón de materiales, ferretería, contenedores, el transporte que hoy tenemos en Vaca Muerta, el transporte de gas para todo el norte argentino, la plata de asfalto… Creo que el progreso depende únicamente de las inversiones que uno haya hecho. Para mí era la base del crecimiento.”
“En ese momento estaba la ruta Gesell-Pinamar pero de una mano sola. Y todo muy precario. Sí había un boom de la construcción en 1976, donde tenías la oportunidad de avanzar. Y queriendo trabajar, el pueblo te abría las puertas. Eso para mí fue algo muy bueno.”
Estrategia exitosa
“La estrategia que hice fue así: recorría las obras y brindaba servicio. Porque normalmente todos iban a un corralón, llámese Vadago o ITAR, y estaban superados en cuanto a trabajo. Yo iba a las obras, me anticipaba y les vendía un servicio” describe entusiasta. “Por ejemplo, preguntaba cuándo llenaba una losa, y sabiendo la fecha yo le servía los materiales y eso me dio un volumen como para ir creciendo. La otra parte era la inversión que uno hacía, porque por más acopio de materiales que uno tenga, uno debía responder; si no tenés equipos, se complica.”
“La otra estrategia fue el abrir el espectro pera no quedarnos únicamente con lo que es la plaza de Pinamar. Pusimos el transporte con YPF, que lo tenemos desde hace 20 años; el transporte de gas que lo tenemos desde 1995, la planta de hormigón… Le agregamos cosas como en un polirrubro. Y eso hace que si hay alguna falencia en algún momento en la construcción, lo compensás con otras actividades.”
“Para que tengas una idea lo que se ganaba en ese momento, ese noviembre del ’75 había ganado 10.500.000 pesos. Una chata en ese entonces costaba 3,5 millones de pesos. O sea que por mes, ganaba el equivalente a tres camionetas. Eso demuestra la fuerza que teníamos en ese momento trabajando en Bs.As. Teníamos seis camiones, comprar una casa era muy fácil… Yo era la punta de lanza de la estructura del corralón, porque mi papá tenía en mi depositada la confianza.”
“Después armamos el balneario Cocodrilo, compramos el TennisRanch, la Posta del Cocodrilo… hicimos muchas cosas en Pinamar y gracias a Dios siempre para adelante.”
“Pero veo que los tiempos se achican, no veo opciones, o no me puedo abrir o no le puedo cargar más peso a la estructura que tengo de los cuatro chicos. Tengo que tratar de ordenarme y ver hasta dónde rinde cada persona.”
“Respecto al Papa, íbamos a ir en setiembre del año pasado pero por la pandemia… creo que una próxima habrá.”
“Trabajar es lo que le inculco a mis hijos. Es la manera de llegar” dice de Sergio Hernán «El Toro», Rafael Germán, Érica De Luca (“una hija del corazón” aclara) y Romina Edith. Es un orgullo tener una empresa donde tengo a los cuatro chicos y a mi yerno trabajando. Para ellos también es una tranquilidad vivir en Pinamar, y un orgullo que también los nietos vayan a Bs.As. a estudiar. Creo haber logrado en la vida un bienestar para mi familia, y una empresa seria para lo que es Pinamar” dijo finalmente De Vito.