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Alma de camionero con corazón gitano
03/07/2026

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Pinamar (por Sergio Michnowicz).- Cuando cumplió 46 años en Pinamar, lo entrevisté para que me contara una parte de su historia. La más reciente no hacía falta que la recordara. Estuvo como presidente en la Asociación de Concesionarios de Playa, formó parte de la Cámara de Comercio de Pinamar, activo integrante del GET o Grupo de Empresarios por el Turismo, fue presidente del Club San Vicente...

En política militó en el Justicialismo, donde llegó a ser concejal, presidente del HCD y luego Intendente Interino cuando Roberto Porreti fue desplazado en el 2008.

Su paso por el Ejecutivo aun hoy es recordado por el Sindicato de Trabajadores Municipales de Pinamar. Mejoró en forma sustancial los salarios, impulsó el respeto al Convenio Colectivo de Trabajo y pasó a planta permanente a muchos contratados que hacía decenios esperaban su oportunidad.

Con su simpleza, se ganó la simpatía de mucha gente. De los poderosos sí, pero mucho más de la gente laburante como él, gente de a pie que lo vio como ejemplo de progreso. Porque a pesar de las críticas que recibía, y las supuestas sospechas que levantaba, nunca dejó de ser aquel tipo sencillo que ayudó, colaboró, sacó plata de su bolsillo para una operación, estuvo al lado del necesitado, se ensució en el barrio, y un sinfín de acciones que lo marcarían de por vida.

Le decían “El gitano”, quizás por su pasado en Bs.As. cuando trabajaba con su padre en las chatarrerías. Y le gustaba cerrar los comentarios con una frase de tres palabras: “pim, pam, pum” o el clásico “me rio de janeiro”.

Rafael De Vito. El Rafa. El tipo que en marzo celebró sus 50 años en Pinamar. El que apostó al bosque y el verde, y nunca más se fue. Nos dejó esta semana, y seguro que ya estará armando una flota de camiones celestiales para recorrer las estrellas al lado de don Nicola y doña María. Y con Gastón volverán a “pelearse” como padre e hijo: uno por su amor a Boquita y el Rafa enfermo de San Lorenzo.

Hasta el reencuentro, Rafa querido.

Alma de camionero con corazón gitano

(Publicado en El Mensajero el 24 de Abril de 2022)

El empresario de la construcción cumplió 46 años en Pinamar. Sus inicios en Bs.As junto a su padre, la llegada en solitario a la costa, su paso por el Concejo Deliberante y el Ejecutivo Municipal y el presente que lo muestra como un amante de la vida. “Conocer al papa Francisco es un tema pendiente” comentó.

Pinamar (por Sergio Michnowicz).- Transportista y vendedor de materiales para la construcción. Cuenta con una impresionante flota de camiones que es la envidia de más de uno. Pero con orgullo dice que solo el trabajo, inculcado por su padre desde muy joven, le permitió llegar a lo que es hoy, una de las empresas más fuertes de Pinamar y del país.

Rafael “Rafa” De Vito (77) sabe que la apuesta fue a todo o nada. Y como toda moneda que vuela por el aire, la suerte también estuvo de su lado.

Un simple camionero

Salir del nido fue todo un desafío. Sus padres napolitanos Nicolás y María Annunciata De Maina habían llegado en el ’38, antes del inicio de la guerra. Trabajaron de lo que sea, hasta que en el ’50 lograron traer desde Italia al resto de la familia. Tenían el arraigo familiar muy marcado.

Pero él decidió romper con esa tradición y llegó a Pinamar un 15 de marzo de 1976. “Pasó un montonazo de tiempo” cuenta con su simpática verborragia este fanático de San Lorenzo y de los camiones. “Pero es como si hubiese sido ayer, porque en la diaria no notás la diferencia de tiempo. Para nosotros y para mí también es un orgullo estar donde estamos hoy. A pesar del sacrificio y del esfuerzo tenemos una sociedad de familia. Es toda una vida en Pinamar, prácticamente soy más pinamarense que porteño.”

  • ¿Por qué se te dio venir a Pinamar?
  • Yo estaba con mi papá, y en aquel momento uno trabajaba para la corona. No tenía sueldo ni nada. Y con 30 años le planteé a mi papá si había alguna opción de poder estar un poco mejor monetariamente. Pero por el estilo europeo de él, un campeón muy firme y sano, la plata se hacía trabajando.

“Me vine con un tractor a Pinamar. La primera obra que tomé fue la de Iachetti, del Hotel del Bosque, y luego a cargar tierra en un campo de Pinamar SA para hacer el golf nuevo. A partir de ahí creciendo, agregando rubros. Fuimos haciendo inversiones y hoy De Vito es lo que es debido al trabajo de todos y a la respuesta agradecida que tuve de la ciudad de Pinamar.”

  • ¿Dónde estaba el primer local que tuviste?
  • En Shaw y De la Trucha, un localcito que alquilé como oficina. En esa esquina había un terreno baldío donde volcábamos piedra y después le fui comprando los terrenos a Pinamar SA. Donde estamos ahora, en Júpiter y Del Pejerrey, era el último lote. Porque para el lado de Madariaga no había más nada; ni edificación.

“Así es que hoy tenemos un depósito grande del otro lado de la ruta, con las empresas de asfalto y hormigón. También es algo ecológico para Pinamar, porque adentro con la estructura que tenemos no contábamos con el espacio necesario para poder trabajar.”

  • Había competencia en ese entonces…
  • Teníamos a ITAR, a Vadago. Mucho tiempo trabajé con ConstanzoAltieri. Yo era un pichón y ellos tenían mucho trabajo. Y estar con él fue una experiencia muy buena: por ejemplo un trabajo valía 10 pesos, entonces vos ponías dos camiones y yo dos máquinas, 5 pesos cada uno.

“Después nos fuimos abriendo. Casa Vadago se fue, y nosotros fuimos incrementando rubros, armamos el corralón de materiales, ferretería, contenedores, el transporte que hoy tenemos en Vaca Muerta, el transporte de gas para todo el norte argentino, la plata de asfalto… Creo que el progreso depende únicamente de las inversiones que uno haya hecho. Para mí era la base del crecimiento.”

  • Llegaste a Pinamar solo…
  • Primero alquilé un departamento en Villa Gesell, donde prácticamente dormía parado (risas). Era chiquitito. Ahí estuve seis meses, porque el primer trabajo lo tomé acá en el Hotel del Bosque. Y como la situación estaba dura, como a las 5 de la mañana le cebaba mate al chofer del micro Rio de la Plata para que no me cobrara el viaje. Todos los días me venía para Pinamar, y a la vuelta era lo mismo.

“En ese momento estaba la ruta Gesell-Pinamar pero de una mano sola. Y todo muy precario. Sí había un boom de la construcción en 1976, donde tenías la oportunidad de avanzar. Y queriendo trabajar, el pueblo te abría las puertas. Eso para mí fue algo muy bueno.”

Estrategia exitosa

“La estrategia que hice fue así: recorría las obras y brindaba servicio. Porque normalmente todos iban a un corralón, llámese Vadago o ITAR, y estaban superados en cuanto a trabajo. Yo iba a las obras, me anticipaba y les vendía un servicio” describe entusiasta. “Por ejemplo, preguntaba cuándo llenaba una losa, y sabiendo la fecha yo le servía los materiales y eso me dio un volumen como para ir creciendo. La otra parte era la inversión que uno hacía, porque por más acopio de materiales que uno tenga, uno debía responder; si no tenés equipos, se complica.”

“La otra estrategia fue el abrir el espectro pera no quedarnos únicamente con lo que es la plaza de Pinamar. Pusimos el transporte con YPF, que lo tenemos desde hace 20 años; el transporte de gas que lo tenemos desde 1995, la planta de hormigón… Le agregamos cosas como en un polirrubro. Y eso hace que si hay alguna falencia en algún momento en la construcción, lo compensás con otras actividades.”

  • ¿Tenés hermanos?
  • Sí, pero falleció. Era menor que yo. Mi hermano había emigrado de papá dos años antes que yo. Una anécdota importante, en noviembre del ’75 fue el último año que trabajamos juntos. Al margen del corralón, comprábamos chatarra, cobre, bronce, plomo, aluminio. En el barrio donde vivíamos había muchos gitanos, y trabajábamos con ellos.

“Para que tengas una idea lo que se ganaba en ese momento, ese noviembre del ’75 había ganado 10.500.000 pesos. Una chata en ese entonces costaba 3,5 millones de pesos. O sea que por mes, ganaba el equivalente a tres camionetas. Eso demuestra la fuerza que teníamos en ese momento trabajando en Bs.As. Teníamos seis camiones, comprar una casa era muy fácil… Yo era la punta de lanza de la estructura del corralón, porque mi papá tenía en mi depositada la confianza.”

  • ¿Hay algo que añoras de esa época?
  • La relación con mi padre la terminé perfectamente bien, porque cuando fui creciendo acá mi papá me vino a buscar para ver si quería volver a Bs.As. Porque cuando me vine él tuvo que cerrar el corralón. Era su manera de actuar ante la vida. Pero le alquilé el corralón a él, después se lo compré, puse dos corralones en Bs.As. y después por una cuestión de estrategia, de tiempo, se quedó uno de los muchachos amigos míos en Bs.As. y yo acá.

“Después armamos el balneario Cocodrilo, compramos el TennisRanch, la Posta del Cocodrilo… hicimos muchas cosas en Pinamar y gracias a Dios siempre para adelante.”

  • ¿En los tiempos que corren tenés algún desafío?
  • Desafíos tenés todos los días. ¿De tipo político? No. Para mí fue una etapa en la que quise tratar de ver si se podía rever, pero tenés que buscar un grupo humano que te acompañe. Y es una responsabilidad muy enorme a pesar que entiendo que me fue bien, porque el tiempo que estuve en la municipalidad la empresa siguió funcionando a la perfección –la responsabilidad de mis hijos anduvo perfecta– pero ya no. Me divierte más estar en lo mío, la construcción, el desafío de que si viajo a Mendoza con los camiones. Pero política no.
  • Como hincha de San Lorenzo, el summun sería hablar con el Papa Francisco…
  • Tengo un amigo, muy amigo, que es allegado al Papa. Me dijo un montonazo de veces de ir al Vaticano, y la verdad es algo que me quedó pendiente. El otro tema pendiente es lograr tener un campo, porque también me gusta.

“Pero veo que los tiempos se achican, no veo opciones, o no me puedo abrir o no le puedo cargar más peso a la estructura que tengo de los cuatro chicos. Tengo que tratar de ordenarme y ver hasta dónde rinde cada persona.”

“Respecto al Papa, íbamos a ir en setiembre del año pasado pero por la pandemia… creo que una próxima habrá.”

 

“Trabajar es lo que le inculco a mis hijos. Es la manera de llegar” dice de Sergio Hernán «El Toro», Rafael Germán, Érica De Luca (“una hija del corazón” aclara) y Romina Edith. Es un orgullo tener una empresa donde tengo a los cuatro chicos y a mi yerno trabajando. Para ellos también es una tranquilidad vivir en Pinamar, y un orgullo que también los nietos vayan a Bs.As. a estudiar. Creo haber logrado en la vida un bienestar para mi familia, y una empresa seria para lo que es Pinamar” dijo finalmente De Vito.


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