Este 23 de abril, el Aeroclub de General Juan Madariaga celebra su 71º aniversario. Fundado formalmente en 1955, su historia comenzó más de una década antes, cuando en 1942 un grupo de vecinos entusiastas de la aviación creó el Club de Planeadores “Chajá” , con figuras como Urbano Toulet, Saturno Pasaresi, Francisco Porchile y Raúl Salvo, quienes iniciaron la construcción de un planeador que nunca pudo completarse.
En 1944, otra camada de apasionados por el vuelo —entre ellos Gorki Cóccari, Pedro Paredi, Oscar Bernatá y Francisco Alcuáz— comenzó a practicar en Mar del Plata, sumándose luego Liberato D’Onofrio. Juntos formaron la “Agrupación de Pilotos Civiles de General Juan Madariaga” , adquirieron dos aviones en sociedad y construyeron un hangar en el campo de Caride, dando forma al sueño de un aeroclub local.
Nacimiento oficial y desarrollo
La institución nació oficialmente en 1955, bajo la presidencia de Pedro Paredi, constituyéndose en un emblema de la comunidad. Su escuela de pilotos y las formaciones técnicas marcaron décadas, y el rol de la instructora María Angélica Medina fue clave para la preparación de generaciones de aviadores.
Participación en la vida social y deportiva
El Aeroclub también tuvo un papel destacado en distintos momentos de la vida social y deportiva de Madariaga. Se recuerdan especialmente sus aportes durante las transmisiones del Rally Pagos del Tuyú en los años 80 y su participación en las Vísperas del Centenario en 2006, cuando sus aviones surcaron el cielo ante cientos de estudiantes.
En 2005, durante el 50º aniversario, se realizó una gran celebración con acrobacia aérea, paracaidismo, vuelos de bautismo, aeromodelismo y una exposición de aeronaves históricas, reafirmando el espíritu de difusión de la actividad aeronáutica.
Actualidad
Actualmente, el Aeroclub sigue ubicado en su predio a la vera de la Ruta Provincial 74, en tierras cedidas por el gobierno bonaerense. Desde allí continúa siendo un espacio de encuentro para los amantes del vuelo, símbolo de una historia que en siete décadas nunca dejó de mirar al cielo. La institución es un orgullo para los madariaguenses y un legado vivo de quienes hicieron posible el sueño de volar.