Pinamar (por Sergio Michnowicz).- La escritora y docente Sheila Acosta presentó en Bs.As. el libro “Norita Cortiñas – Antología de Anécdotas” en donde contó, en uno de los capítulos, sus recuerdos con la Madre de Plaza de Mayo fallecida hace un año.
Detalles
“Realmente fue inolvidable” comentó Acosta. “Quiero agradecer a mi sindicato docente UDOCBA que me ayudó con el viaje, porque todos sabrán que desde que no tenemos el tren nos cuesta bastante viajar a Buenos Aires. Fue realmente hermoso. Desde las 2 de la tarde que empezó el festival -antes estuvieron todas las feriantes- hasta que terminó con una murga en la calle Chile al 1900. Impresionante todo. No solamente por la presentación de la antología que tuve el honor de ser seleccionada y estar con mi relato, mi anécdota con Norita.”
¿Cómo la conociste a Norita?
La conocí cuando estuve ayunando en La Carpa Blanca en 1998. Y justamente cuando ayer estábamos los seleccionados hablando de nuestros relatos, la pregunta que teníamos que responder era ¿por qué quisimos participar de este concurso? Y mi respuesta fue de toda la admiración, el amor por Norita, la madre de todas las batallas. Y porque justo hacía unos días yo había estado compartiendo -cuando me llegó la convocatoria- fotos de La Carpa Blanca, hace de esto 27 años.
“¿Por qué? Una de las cosas que nos ha arrebatado este gobierno es el FONID, el Fondo Nacional de Incentivo Docente, que salió de aquella Carpa Blanca. Y dije bueno, mi anécdota tiene que ser las visitas de Norita a La Carpa. Después la volví a ver en 2019 en Madariaga. La acompañé en el recorrido por las Marcas de la Memoria hasta el cementerio donde estuvieron sepultados dos jóvenes detenidos desaparecidos, Silvio Serra Silveira y Jesús Pedro Peña, que aparecieron en las playas de Pinamar, por los Vuelos de la Muerte.”
“Así que mi relato fue una cuestión circular entre esa tercera visita a La Carpa, donde yo estaba con mi bebé, y me ligué el rezongo de mi vida. Porque Norita decía, no, es muy chiquito, por eso tendrías que estar en tu casa con tu hijo y demás, hasta que alguien que estaba acomodando las donaciones para Goya le dijo ¿vos sabés Norita cómo se llama el bebé? Se llama Emiliano Zapata. Y ella lo miró a Emi, que tenía 10 meses, le agarró la manita izquierda y le dijo, hola Emiliano Zapata, queremos tierra, justicia, libertad y una ley de fondos para educación. Y después nos dio un beso a cada uno y se fue. No me rezongo más, digamos.”
“Y hubo mucho de eso ayer” comentó Sheila. “Porque ella estuvo varias veces en Chiapas, por lo que significa lo que hizo el ejército zapatista por preservar los derechos ancestrales de los pueblos originarios mexicanos, y lo que nos pasa también en Argentina, ¿no? Ella también estuvo apoyando la lucha Mapuche y los derechos de nuestros pueblos originarios acá.”
Hoy no está con nosotros Nora Cortiñas, pero su legado sigue más presente que nunca…
Sí, Norita es eterna y todos los días nos lo demuestra. Ella fue quien le dio el mensaje a Carina Zabala para que luche por justicia para su hijo Fausto. Y de ahí sacó esa fuerza de la madre de todas las batallas.
“Algo comenté también cuando fueron las charlas con representantes de los ex-centros clandestinos, hoy sitios de memoria, el trabajo que hacemos muchos docentes de pedagogía de la memoria del pasado reciente, lo que fue la dictadura, que no se olvide, que realmente sea nunca más, y sobre todo en estos momentos de negacionismo y hasta de reivindicación del genocidio” manifestó. “También la memoria sobre los hechos recientes que tienen que ver con los descuidos del Estado, que puede ser Estado Nacional, Provincial; cuando el Estado no cuida los derechos humanos de las personas. Por ejemplo, de nuestros jóvenes trabajadores que no les dan medidas de seguridad en los ámbitos del trabajo. Y Norita estaba en todo. Por eso fue la madre de todas las batallas y hay que amarla eternamente.”
¿Habrá una nueva edición de este libro?
Sí, se va a reeditar. Este fue el segundo concurso. El anterior se presentó con Norita en vida. Y si bien este libro tiene el prólogo de ella, esta presentación se retrasó, se iba a hacer en marzo. Norita escribió el prólogo un mes antes de su partida a la eternidad, y no se pudo hacer justamente por el vaciamiento que se están haciendo de los sitios de memoria.
“Esto se iba a hacer en Mansión Seré” afirmó. “Muchos sabrán que, entre tantos actos heroicos de Norita, ella fue en plena dictadura a ese lugar porque le habían dicho que Mansión Seré podía ser un lugar de detención clandestino. Y ella estuvo ahí hablando fuerte. Los testimonios de los sobrevivientes es que tuvieron esperanza de que los estaban buscando. Se iba a hacer ahí, pero no se permitió en ninguno de los sitios de memoria.”
Cuentos para Norita
Estaba ayunando en la Carpa Blanca y una mañana nos visitó Norita; al verme con mi bebé de diez meses, me preguntó preocupada qué hacía ahí tan chiquito. Cuando le conté que estaba gran parte del día conmigo, me ligué su rezongo:
-Pero hay otros docentes para el ayuno, vos tenés que estar en tu casa con él.
Uno de los compañeros se adelantó a mis argumentos: mientras acomodaba las donaciones para los inundados de Goya, gritó:
- ¡El bebé se llama Emiliano Zapata, Norita!
Ella me miró y luego muy dulcemente a Emi, tomó su manito izquierda y le dijo:
-Hola, Emiliano Zapata, queremos tierra, libertad, justicia y una ley de fondos para educación.
Veintiún años después saboreaba el recuerdo mientras bajaba de un auto, para quedarme recorriendo con ella los sitios de la Memoria de Madariaga. En la plaza frente a la Municipalidad, en que están pintados los pañuelos, le narré Pájaros prohibidos de Eduardo Galeano. Me temblaba la voz ante su mirada amorosa y cuando finalicé, las lágrimas me empañaron los ojos y la foto de Gustavo en su cartel sobre el pecho lanzó un destello como los que producían los haces de luz que ingresaban cada jornada en la cocina de mi madre. Habíamos estado en el cementerio y cuando salíamos del sector KF, donde fueron sepultados clandestinamente, a semanas del vuelo de la muerte Helios Serra Silvera y Jesús Pedro Peña, le conté que venía de organizar un festival de narradores orales en las escuelas de los barrios, que los niñes lo habían disfrutado mucho. Ella opinó que eso era muy bueno para las infancias, que los cuentos son imprescindibles para ejercer el derecho de imaginar y soñar. Después esperé un momento, me dije que si no era ese día no tendría quizás otra oportunidad y me animé a pedirle que sea Madrina de los cuentos. Norita me miró como tantos años atrás a mi hijo Emiliano y me respondió:
-Voy a ser una madrina muy abandónica, porque siempre ando de acá para allá y así será hasta el día que me vaya.
Seudónimo: Marea.
31/05/2025