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El Recreo, la parrilla que hace más de 30 años es parte del paisaje de Madariaga
Beto Marzullo abrió sus puertas en 1989 sobre la Ruta 74 y sigue al frente del negocio junto a su hijo Mariano. Calidad, atención rápida y recetas caseras, las claves de una trayectoria que ya es historia viva de la región.


Redacción - Actualizado 27/09/2026

Sobre la Ruta 74, a la altura de la colectora Felicitas Guerrero y calle 26, hay un lugar que los madariaguenses conocen con varios nombres: El Recreo, Lo de Marzullo o, simplemente, Lo de Beto. Hace más de 30 años que esa parrilla restaurante recibe a vecinos, turistas y visitantes ilustres, siempre con la misma premisa: buena comida, buena atención y la mística de un boliche que supo ganarse un lugar en el corazón de la región.

EL MENSAJERO dialogó con su propietario, Roberto "Beto" Marzullo (77), quien repasó sus comienzos, anécdotas, expectativas y proyectos a futuro.

¿Cuándo comenzaste con este proyecto gastronómico, tan importante para Madariaga y la región?

—Yo empecé en el año 1989, en marzo. No me acuerdo el día exacto, pero por esa fecha. Hicimos una parrilla chiquita, para más o menos 40 personas. Y poco a poco fue creciendo. El primer día que empezamos a trabajar, los primeros clientes fueron Estela Alcuaz—la hermana de Negrucho—  con su marido de apellido Falcon y Anastasia su hija. El mismo día tambien vino Carlos “Canario” Arancedo y poco a poco se fue llenando. Al principio tuve algún problema con el humo, que generaba molestias, pero después lo acomodamos y nunca más. Siempre trabajando ahí, con mi mujer Nené también en la cocina, y con mi suegro, Armando Espíndola.

¿Qué había antes en ese lugar?

—Ahí estaba un despacho de bebidas. Creo que era de “Purrete” Vallejos o de uno de los Mayo, de los que andaban por la zona. Pero era conocido como el almacén de Paigé. Ya tenía el nombre de El Recreo, desde la década del 40. Tenían almacén y, en un momento, también despacho de bebidas. Después pasaron los años, nos fue bien y seguimos trabajando.

¿A qué atribuís que sea una de las parrillas que más ha durado en Madariaga?

—A hacer siempre lo mismo, de la misma manera. Siempre buena calidad en la comida y los postres. Yo siempre busco que la carne sea la mejor, que la verdura y la fruta sean buenas. Y las papas fritas de mi casa son famosas. Todo el mundo me pregunta cómo las hago. Y bueno, yo cambio el aceite seguido. Siempre papa buena. También la cocina es buena. Tengo una chica que cocina como me gusta a mí, como si fuera para mí, como comía en mi casa con mi familia.

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El secreto de la provoleta, ¿lo vas a dar o no?

—Yo no lo sabía. A mí se me iban las provoletas por la parrilla y no había forma de sujetarlas. Pero un día me senté al lado de un tipo que me dice: "Tengo restaurante en Mar del Plata, hacemos mucha provoleta". Era el dueño del conocido restaurante de esa ciudad El Bifacho. Me dice: "Cortala, uno o dos día antes y después ponela en la parrilla". Dicho y hecho, la puse y quedó ahí. Y bueno, se sigue haciendo así. Se corta, se hace una cascarita, y eso no deja que se pegue. Se va haciendo el juguito, se va haciendo una cremita de queso adentro. Le das vuelta y después ya es fácil. Hoy en día todo lo que hago es fácil. Son muchos años.

¿Quiénes trabajan hoy en la parrilla y qué expectativas tenés a futuro?

—Yo siempre estoy ahí en la parrilla, y está mi hijo Mariano, que esta a cargo de la misma. Ya aprendió todos los secretos. Es cuestión de hablar un poquito y hacerlo así, no hay ningún misterio. La gente sigue yendo por esas cosas. ¿Expectativas? Continuar de la misma manera, siempre ofreciendo productos de buena calidad y buena atención. Las chicas son rápidas para atender y, si falta gente, sumo otra. A mí me gusta que la gente se siente y la atiendan enseguida, hacerle la comida lo más rápido posible. Un asado se hace en menos de 20 minutos, un pollo en 15.

¿Cómo es el secreto del mejunje que le ponés al pollo?

—Ese se lo aprendí una vez de la madre de Alberto Chalita. Yo trabajaba con ellos cuando tenía 15 o 16 años y siempre hacían lechón o pavo. Ella le hacía el limón, un poquito de pimienta y ajo, lo ponía en una procesadora y hacía el juguito. Y ahí le ponés mayonesa y eso le agregás al pollo con panceta o al pollo a la parrilla. Es riquísimo, ya es famoso también. Y el mejunje rojo para la carne también me gusta: le ponemos los condimentos y, aparte, vinagre y un poquitito de agua al final. Pintás la carne con eso.

¿Tenés alguna anécdota que recuerdes, algún momento difícil?

—Sí, una vez pusimos como 40 bolsas de carbón abajo de la parrilla. Al otro día a la mañana viene la chica que limpia, a eso de las ocho y pico, y me dice que se estaba prendiendo fuego todo el carbón. Me levanté y no había forma de taparlo. Las botellas de vino por el calor se descorchaban solas. Agarré con la chica y empezamos a echar agua y agua. Se había consumido el oxígeno... fue mucho calor. Fue hace más de 15 años. Nos pegamos un susto, pero quedó ahí.

¿Algún famoso que te haya visitado?

—Sí, estuvo mucha gente. La cantante María Marta Serra Lima fue varias veces, Cesar Luis Menotti, también estuvo Peckerman, el director técnico. Y jugadores de fútbol, varios. Y Capusotto, el actor, que tiene casa en Valeria. Cuando va, todo el mundo se levanta y le pide firma. Él no tiene problema.

¿Querés agregar algo más?

—Agradecer a la gente, a los amigos. Porque mucha gente que va a comer es amiga. Son aquellos que empezaron al principio y siguen yendo a pesar de los años. Y a los turistas también, que paran en la ruta. Hay gente que me dice: "Salí a tal hora para llegar justo a tu negocio". Por ahí viene uno por la ruta y me pide que le ponga dos pollos para llevar y comer enseguida. Es normal ahí en casa.

¿La dirección es Ruta 74 y calle 26?

Sí, Ruta 74 y calle 26, pero ahora le cambiaron el nombre. Me dijeron que es Felicitas Guerrero. Mira qué lindo nombre.

Reservas y consultas al 2267 404135.

 

Lo de Beto es mucho más que una parrilla: es un clásico que supo ganarse un lugar en el corazón de Madariaga a base de constancia, buena comida y atención sincera. En tiempos donde todo cambia rápido, este rincón de la Ruta 74 sigue fiel a lo esencial. Ojalá siga por muchos años más, recibiendo a propios y extraños como en casa.


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