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MARTES 14 DE JULIO DE 2026
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El mundial de Roberto (cuarta entrega): ¡Con Inglaterra siempre es mucho más que fútbol!
14/07/2026

Ni bien se confirmó el duelo contra los británicos, a Roberto se le vinieron a la cabeza un montón de escenas que padeció hace décadas en un terreno mucho más hostil que un campo de juego. Nuestro cronista estrella infla el pecho antes de la próxima batalla en la semifinal y, como (casi) todos los argentinos, sostiene un deseo inquebrantable: ¡Cueste lo que cueste hay que ganar! (Por Sebastián Reinaga)

 

14 de julio - Atlanta (Estados Unidos)

Contra los ingleses cueste lo que cueste

Un sinfín de contratiempos conspiraron para que Roberto no diera señales de vida en los últimos partidos. A saber, los encuentros con Jordania, Cabo Verde, Egipto y Suiza no contaron con el puntilloso análisis de nuestro cronista estelar, pero ya es tarde para sumergirse en el estéril mar de las explicaciones porque el tiempo corre más rápido que Mbappe en épocas mundialistas. ¡A la competición sólo restan cuatro partidos! Por eso es mejor -y más conveniente- mirar para adelante. Y el próximo rival es, ni más ni menos, que Inglaterra. Un país que por obvias e históricas razones representa algo más trascendente que un simple adversario futbolístico.

 

Ni bien se confirmó la reedición de un nuevo clásico contra los británicos a Roberto se le vinieron una variedad de imágenes a la cabeza, ninguna estuvo relacionada con el fútbol. Se le superpusieron en su mente escenas padecidas décadas atrás en un terreno más hostil que un campo de juego. Como si el tiempo hubiera dado un giro hacia el pasado para ubicarlo en los ochenta y dejarlo ahí, solo con la carga de sus recuerdos. Durante las noches posteriores al sábado, luego del sufrido triunfo ante los suizos, Roberto soñó una y otra vez con las gélidas noches en el frente. Y, en esas pesadillas, apareció alguien que, como en aquel entonces, subsanó, en parte, los ecos sórdidos de la guerra: Ángel, su compañero de combate. Por eso, pensó que el mejor antídoto que tenía a mano para huir del clima espeso porque el que transitaba la previa del partido era hacer una videollamada para hablar con él. Siempre tenía la virtud de calmarlo en los momentos difíciles.

—¿Viste Rober lo que dijo uno de los piratas? Un ex jugador. Que “lo iban a mandar a dormir a Messi”. ¿Podés creer? —fue lo primero que dijo Ángel después de saludarlo.

—Sí, no fue el único. Parece que ese es el plan que tienen. —contestó Roberto, medido.

—Sí, hubo otro que dijo que “nos iban a dar otra paliza'. No aprenden más estos, nos quieren seguir mojando la oreja. 

—No hay que prenderse en esa, Ángel.

—¡Cómo no, Rober! Ya mucha agua pasó por debajo del río para que nos quieran seguir provocando. Desde las invasiones de principios del siglo XIX los venimos bancando. Y ya una vez le contestamos en una cancha lo que nos hicieron.

—¡Y cómo le contestamos! Con un robo y con una obra de arte.

—Sí, que grande el Diego. Qué orgullosos nos sentimos ese día todos los que estuvimos allá, cuando los desparramó y los humilló para el resto de sus días. Encima, el Diego tuvo el gesto, eterno, de levantar el puño al cielo…

Ángel se detiene porque la voz se le quiebra. Un par de lágrimas se le escapan con fuerza de los ojos, como si hubiesen estado contenidas por mucho tiempo. A Roberto, que está del otro lado de la pantalla, a miles de kilómetros, le sucede lo mismo. 

—Y nada con esa boludez que esto es fútbol y nada más. Un partido no define una causa que es, fue y será permanente. Pero los jugadores, estos muchachos, crecieron en nuestra tierra y es imposible no jugar pensando en dejar nuestra bandera en lo más alto. —dice Ángel inflando el pecho cuando se recompone.

 

—Sí, todos sabemos que se juegan muchas cosas, como cada vez que nos veamos las caras.

—Pero sí Rober, sí. ¡Siempre estaremos en veredas opuestas! ¿Cómo dice el tema que cantan los muchachos? “Soy argento de la cuna hasta el cajón, por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. ¡Argentina quiero verte bicampeón!”...

Después de cortar la videollamada con Ángel, Roberto se queda sentado en los pies de la cama, fumando un cigarrillo y mirando por la ventana el cielo que amenaza con nublarse otra vez. Le dijo a Matías y a Josué que lo dejen solo y no recibió oposición alguna de sus amigos así que aprovecha a escribir.

Su mente sigue girando. Apunta en su libreta algunas cuestiones futbolísticas del equipo inglés: la fortaleza defensiva y en la pelota área de los centrales Guehi y Stones; la destreza física, el manejo del balón de Rice, la capacidad de llegar al área de Jude Bellingham y el inagotable aporte en varias facetas del juego de su máxima figura y goleador, Karry Kane, “el nueve con pies de diez” como le dicen los relatores. Intenta hacer lo mismo con Argentina y lo invade una pregunta impostergable: ¿Hará algún cambio Scaloni para inyectar de energía al equipo? Pero no puede anotar mucho más, porque en el silencio de la habitación del hostel, que luce casi a oscuras, no puede evitar cantar: Soy argento de la cuna hasta el cajón, por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. ¡Argentina quiero verte bicampeón!...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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