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El mundial de Roberto (Primera entrega): el comienzo del sueño
12/06/2026

Por Sebastián Reinaga

Abril de 2026. General Juan Madariaga, Provincia de Buenos Aires.


Roberto abre lo más grande que puede sus ojos achinados y respira hondo un par de veces, como dándole tiempo a su cuerpo para que digiera la noticia que acaba de recibir de parte de Matías, su peluquero. Se queda callado, esperando a que el hombre que tiene enfrente le diga que es una broma. Un chiste de mal gusto que le está haciendo porque hace tres días que no atiende a un cliente y está aburrido.


—¡Ganamos, te digo que ganamos!


Adela, la vecina de la otra cuadra, pasa por la vereda arrastrando el carrito de hacer los mandados y los saluda gritando sus nombres y agitando la mano izquierda. Los dos la miran como si fuera una desconocida y no le responden. Ella, incrédula, sigue su camino insultándolos en voz baja.


El viento otoñal sopla con fuerza y la puerta se cierra. Roberto y Matías transcurren unos segundos frente a frente sin hablarse. De pronto, se respira una calma extraña en la peluquería de la calle Saavedra.


 —Me acaban de avisar que salió sorteado el número que compramos. Recién hablé por teléfono con una señorita, muy atenta, por cierto. Y me dijo que ganamos el primer premio…


—¿Estás seguro? ¿No será una estafa? A mí ya me jodieron una vez…


—No te achiques ahora, mirá que estuve a punto de decirle a la joven si quería ser mi acompañante, y te dejo a vos en la peluquería. Era como cambiar un Fiat 600 por un Audi, ja


—¡Callate, querés! Debe ser una estafa esto.


—No, ya me mandaron a mi Yahoo la documentación que prueba lo que me dijo. ¡G-a-n-a-m-o-s!


—Mirá que no quiero perder los pocos pesos que tengo.


—No hay que pagar nada ¡Relajá y prepará las valijas que nos vamos a Kansas City, a ver el mundial, Rober! ¡Pasaje, entradas y estadías, todo pago!


Roberto se desploma en una de las sillas que están junto a la mesita ratona. Por primera vez en más de cincuenta años se va a subir a un avión y…va a viajar ¡al exterior! Agarra una revista Gente y se abanica. Siente un calor insoportable en la cara. Mira absorto como el peluquero sigue hablando y gesticulando. Camina de un lado al otro. Pero él no lo escucha. Su mente viajó hacia el recuerdo del último mundial de Qatar, ese que aparece una y otra vez durantes las madrugadas de vigilia: en el momento exacto en que Gonzalo Montiel convierte el penal que le devolvió la gloria a un pueblo entero después de una maldita espera de 36 años; se ve a él con su padre desvanecido en sus brazos, junto a los restos del televisor, escuchando un aluvión de gritos y bocinazos que llegaban desde la calle.


Cuando vuelve en sí, se le dibuja una sonrisa. Tiene el impulso de abrazar a Matías, pero se arrepiente. No está acostumbrado a dar ese tipo de demostraciones de afecto.


—Menos mal que mi viejita me convenció de sacar el pasaporte —dice aliviado.


                                                         ***


Mayo de 2026. General Juan Madariaga, Provincia de Buenos Aires.


Roberto llega a la hora indicada a la casa de Matías. No le gusta ser impuntual. Mientras espera ser atendido, prende un cigarrillo. Su ahora compañero de viaje le explicó que prefería reunirse allí para tener más intimidad. “No quiero que nadie nos interrumpa”, le repitió varias veces cuando le comunicó del encuentro por teléfono. A él le causó gracia la ocurrencia porque en la peluquería últimamente entran clientes cada muerte de obispo.


—Vení, Rober, en mi habitación vamos a estar más cómodos.


Ni bien entró a Roberto le sorprendieron dos cosas: la primera el despliegue de afiches pegados en la pared con el nombre de las sedes de los partidos y los rivales de Argentina, y la segunda fue que, sentado en una silla junto a un pequeño escritorio, estaba Gerardo Domínguez, reconocido periodista deportivo local.


—Te presento Rober, él es Gerardo…


—Sí, lo conozco, por supuesto. El del Zoom Deportivo. Mi vieja siempre lo mira.


Roberto le extiende la mano al inesperado asistente al cónclave y mira al peluquero esperando que le dé una explicación.


—Te preguntarás, amigo, qué hace él acá, bueno te paso a contar: como ninguno de nosotros dos sabe un corno de fobal le pedí asesoramiento a Gerardo, un especialista del tema, y además como quien quiere la cosa nos hizo las gestiones pertinentes para que seamos cronistas especiales de LU28 de Radio Tuyú y del prestigioso Mensajero de la Costa. Tomá pa’ vos. ¡Qué te parece!


—¡Pero vamos a hacer un papelón! Si no sabemos nada…


—Tranquilo, Rober, tranquilo. Vos metele que son pasteles. Ahora Gerardo nos va a dar una clase magistral sobre Argentina y sus rivales. Con eso, para empezar, vamos a estar bien. No vamos a ser Macaya Márquez, pero nos vamos a defender.


Luego de más de una hora de una fervorosa exposición del periodista, a Roberto y a Matías sólo les quedó que los rivales de Argentina en la primera ronda del certamen serían Argelia, Austria y Jordania. Pero Angélica, la madre de Matías, y ocasional alumna, retuvo mucho más que ellos dos y, decidida, ante el desconcierto de su hijo y su amigo, pasó al frente y tomó la palabra.


—Por lo que apunté de Argelia, nuestro primer rival,… —comenzó diciendo Angelica. Carraspeó, se acomodó los lentes para leer su anotar, y retomó.


—Lo primero que hay que decir es que gran parte de sus jugadores nacieron en Francia, pero optaron por la nacionalidad argelina. Su principal arma es la velocidad por las bandas. Es decir, se caracterizan por transiciones rápidas y peligro ofensivo por los costados.


—La pucha, todo eso apuntaste vieja. Tenés más poder de síntesis que el Alejandro Fabbri. —interrumpió Matías, mientras palmeaba a Roberto.


—Por último hay que decir que su principal figura es Riyad Mahrez, capitán del equipo, por supuesto. Es extremo derecho, conocido por su habilidad técnica y recursos ofensivos variados. Exfigura del Manchester City de Pep Guardiola, nada más y nada menos, señores.


—M-a-h-r-e-z —deletreó mentalmente Roberto.


—Pero vieja, cómo puede ser que hayas aprendido tanto en tan poco tiempo. —insistió Matías.


—Y eso es sobre el primer rival nomás, pero a ustedes no les puedo mentir… debo reconocer que cuando Mati me dijo que venía el señor Gerardo, estudié todo con lujos y detalles.


—¡Qué grande sos viejita!


—No podía quedar mal. Algo tenía que aportar a la causa.


La segunda mitad de la clase fue dada a dúo por Gerardo y Angélica. Así fue como Roberto y Matías aprendieron que la principal característica de Austria, segundo rival del seleccionado nacional, es la presión alta y la intensidad, y que su figura es el veterano delantero Marko Arnautović, centro atacante letal y referencia legendaria del Estrella Roja. Y de Jordania, a quien tendrá que enfrentar en la última instancia de la primera fase, aprendieron que se caracteriza por ser un equipo con un fuerte espíritu colectivo, orden defensivo y una notable velocidad en transición. Su referente absoluto y capitán es Mousa Al-Tamari, al que apodan justamente “El messi Jordano”.


—Este muchacho juega en el Stade Rennais de la Ligue 1 de Francia y es uno de los pocos jugadores de su país con amplia experiencia en las ligas top de Europa.  —completó Gerardo.


—Y de Argentina, hay que decir que unos de los principales desafíos que tendrá nuestro querido DT, Lionel Scaloni, será reemplazar a una de sus principales figuras, Ángel Di María, que anunció su retiro de la selección, como bien todos sabemos —continuó Angélica, envalentonada.


—Pero yo escuché que al final viaja al Mundial —afirmó Matías.


—¿Dónde escuchaste eso hijo?


—En una propaganda que hace el Pollo Vignolo, la pasan a cada rato. ¿No la viste? Dice que Di María viaja a Estados Unidos.


—¡Es una propaganda, hijo, una propaganda!


—Es como menciona Ángelica, señores, ni Di María, ni Paulo Dybala formarán parte del plantel. Creo que hay que ponerle fichas y seguir de cerca a Nico Paz, que tuvo una gran temporada en el Como de Italia y puede ser la gran revelación de la Copa del Mundo —sentenció Gerardo.


—Disculpemé, Gerardo, pero no hay que olvidarse del problema que viene teniendo en la rodilla. —apuntó Angélica.


—Es verdad, varios jugadores llegan con lesiones, entre ellos nuestro capitán y emblema, Lionel Messi.


Roberto y Matías se pusieron de pie y aplaudieron fervorosamente a los expositores por su clase. Pero Angélica, volvió a tomar la palabra, y cortó en seco la algarabía triunfalista que se respiraba en la habitación.


—No hay que festejar antes de tiempo, mantengamos la mesura, el grupo es más difícil de lo que parece, señores.


 


                                                        ***


Junio de 2026. General Juan Madariaga, Provincia de Buenos Aires.


—Por más de que allá va a hacer calor, unas camperas siempre tenés que llevar Roberto.


—Sí mamá no te preocupes, llevo una en la valija y otra puesta.


—¿Estás contento, Rober?


—Estoy cagado, mamá. Viste como soy yo, pero ya se me irá, calculo.


—Y si, un mundial no se ve todos los días. ¿Llevas los apuntes que te dieron Angélica y Gerardo?


—Sí, llevo todo. Pero yo en la radio no pienso salir. Esa es cosa de Matías, si le hago caso en todas sus locuras nos vamos al muere…


—¡Sería tan lindo escucharte en la radio! ¡Mirá si estuviera tu padre!


Roberto deja de doblar la ropa y se sienta en la cama. Su mente se traslada otra vez hacia el mundial pasado. Su tristeza por la inesperada derrota con Arabia Saudita y el posterior aliento de sus amigos Dago y Vicente; la alegría por la victoria trascendental contra México y el inolvidable camino hacia la mejor final de la historia de los mundiales. Piensa, también, que desde aquel día no volvió a ver un partido de fútbol. Por tres años y medio mantuvo la certeza de que nunca viviría un día tan feliz como ese, por eso no quiso empañar su memoria con nada. Mejor era mantenerse ajeno a construir cualquier pasión, como lo había hecho durante casi toda su vida. Sin ilusión, no hay decepción, era su lema. Pero la posibilidad de viajar a la Copa del Mundo le había cambiado los planes por completo. Era verdad que sentía un miedo que le atravesaba todo el cuerpo, pero también lo invadía una extraña valentía de vivir la aventura.


De pronto, Roberto se pone de pie y, frente a su madre, dice algo que jamás pensó decir.


—Si ganamos la cuarta, dejo de fumar, mamá, ¡dejo de fumar!


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