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Los orígenes de La Pasión según San Juan: una obra hecha a pulmón que se convirtió en fiesta popular
05/04/2026

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El músico Coco Romero repasa los inicios de la emblemática puesta en escena, desde su concepción en 1983 hasta su llegada a Madariaga en 1985. "Sin dimensionarlo, nos metimos en un entramado difícil", recuerda.

La Pasión según San Juan no es solo una obra. Es, para quienes la viven cada Semana Santa en General Madariaga, una tradición, un encuentro y un símbolo. Este 2026 se cumple la edición número 41 desde aquel primer montaje en los pagos del Tuyú. Pero su historia comenzó antes, muy lejos de la costa, en el corazón del conurbano bonaerense, de la mano de un grupo de músicos, un sacerdote de barrio y la convicción de que el arte podía ser una herramienta de contención social. A continuación, el relato en primera persona de Coco Romero, miembro fundador del grupo musical 'La Fuente', sobre aquellos años fundacionales.


Texto original:


1983-2026
La Pasión según San Juan en Madariaga- Bs. As (1985-2026)
MEMORIA- APUNTES DEL PRINCIPIO
LA PASIÓN SEGÚN LA FUENTE
Por Coco Romero.



Esta obra fue escrita por Alejandro Mayol bajo el seudónimo de Francisco del Buen Viaje. La musicalización –arreglos, composiciones originales de los climas de enlace e interpretación– pertenece a “La Fuente” (Uki-Coco-Andi-Onfel). El trabajo nos llevó un año y tuvo como origen el acercamiento del Padre Pajarito y un pequeño grupo de sacerdotes y laicos (entre ellos recuerdo a Trulo y María) a una de nuestras presentaciones.
Durante el final de 1979 y principios de los 80, se nos acercaron a la salida de una función. Llevaban adelante un trabajo social bajo el nombre de “La Virgen del Buen Viaje” y trabajaban por entonces con la juventud de barrios populares. Realizaban encuentros denominados “Galpones” (hicieron más de treinta en distintos puntos del conurbano) donde generaban un espacio de contención, un ámbito al que acudían significativamente los jóvenes más desamparados y marginados. Compartían una torta frita con mate cocido y terminaban con un encuentro artístico y reflexivo.
Con el tiempo, fuimos a cantar a los galpones e incluso hemos salido de algún lugar a los tiros, y no es una metáfora. Por entonces, en las barriadas humildes, el alcohol ya hacía estragos.
Pájaro, en 1982, nos visitó en nuestro ensayo y nos propuso conocer a Mayol, quien tenía la obra escrita e ideas musicales sobre los temas. La base de los mismos eran motivos folklóricos argentinos. Las canciones y el texto debíamos convertirlos en una obra de una hora de duración cuya musicalidad permitiera su escenificación.
Durante ese año, después de ensayar nuestro repertorio, íbamos incursionando en La Pasión. Alejandro nos seguía de cerca y, apenas se descuidaba, le íbamos poniendo unos “toques fuenteanos” que en la obra están claramente identificados.
La musicalización fue ardua, pues al mismo tiempo que avanzaba la obra, el entusiasmo generaba nuevas ideas. El proyecto se fue delineando: primero la grabación de La Pasión y luego su presentación en la cancha de Vélez Sarsfield, en Liniers, para la Semana Santa de 1983.
Participaron del proyecto amigos que enriquecieron la idea:
Claudia Oil (voz)- Daniel Oil (armonio)- Daniel Sartori (aerófonos)- Daniel Riga (acordeón)- Carlos Garófalo (bajo).
Nosotros seguíamos con nuestras presentaciones y madurando el nuevo trabajo musical: “El grito primal” que salió el día que Alfonsín ganó las elecciones.
El compromiso con esta obra fue estrictamente social. En aquella coyuntura político-cultural, creíamos que era un aporte y, sin dimensionarlo, nos metimos en un entramado difícil. Pues esto fue organizado en primera instancia por el espíritu “galponero de base”; cuando todo fue creciendo, entró naturalmente la organización de la iglesia. Así, aquel emprendimiento creció de tal manera que, en parte, se nos fue de las manos.
Recuerdo el sábado 26 de marzo: después de la prueba de sonido y antes de la función, fuimos a tomar algo en un café cercano. Creo que estábamos todos. Desde la ventana veíamos llegar a la gente en procesión, miles… las barriadas se hacían presentes ese día. No lo podíamos creer.
La función fue con una luna llena increíble, una actuación de fuerte carga emocional. Había más de treinta mil personas. Para La Fuente, fue una vivencia inolvidable: la obra que habíamos concebido estaba viva. El espectáculo fue escenificado por ciento veinte jóvenes no profesionales ni del teatro ni de la danza. La coreógrafa fue Marta Boneto y la dirección estuvo a cargo de Celina González y Roberto Cesan.
Parte de la producción del evento fue financiada con el casete que se vendía a la salida del estadio. Allí, una historia mínima es el eslabón que convertirá a esta obra en Fiesta Popular.
Un joven seminarista, Armando Ledesma, salió del estadio y compró el casete. Marchó a su pueblo, General Madariaga, y le propuso al grupo “Gente de Teatro”, con Coco Degen en la dirección, poner en escena La Pasión. Así fue como en 1985 empezó el camino de La Pasión en los pagos del Tuyú.
Desde entonces, cada año para la Semana Santa se pone en escena “La Pasión” con la música original de aquella presentación en Vélez, que fue posible gracias al espíritu galponero del Buen Viaje.
El casete de entonces quedó atrás y pasó a otro formato: el CD. La que sigue sonando es la música que realizamos en Villa Adelina en los estudios de los MIA, con Daniel Curto como técnico de grabación.
Hemos visitado Madariaga con “La Fuente” en los comienzos de la escenificación bajo la dirección de Coco Degen, e hicimos una presentación en 2012 cantando en esa ocasión nuestro repertorio y canciones de La Pasión.
A la distancia, disfruto de ver y saber que es posible que una obra musical hecha a pulmón se convierta en Fiesta Popular. Este año se cumple la edición número 41.


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