Más previsiones: El tiempo Sevilla

DOMINGO 01 DE NOVIEMBRE DE 2026
Más previsiones: El tiempo Sevilla
GALERÍA

PALABRA 51
INVISIBILIZACIÓN
En el marco de la convocatoria Palabra 51, estudiantes de los ISFD de la provincia de Buenos Aires escriben una palabra para ampliar el diccionario «Palabras clave para una pedagogía de la memoria». En esta nota, Analía Belén Acosta, del ISFD 235, propone «Invisibilización» y reflexiona sobre las formas en que el terrorismo de Estado buscó ocultar historias e identidades, a partir del caso de la familia Castillo y la búsqueda de verdad y justicia.


Redacción - Actualizado 01/11/2026

Hay palabras que parecen sencillas hasta que empezamos a preguntarnos todo lo que pueden contener. Invisibilización es una de ellas. Elegí esta palabra para pensar el pasado reciente argentino porque permite detenernos no solo en quienes fueron desaparecidos, sino también en los actos que buscaron ocultar sus historias, sus familias, sus identidades y sus huellas. La invisibilización no es una omisión casual ni un simple olvido: es una producción deliberada. Lejos de reducirse a “quitar de la vista”, la invisibilización puede entenderse como un proceso mediante el cual determinadas personas, historias, experiencias o violencias son sustraídas de la mirada y del reconocimiento social, quedando fuera de aquello que una sociedad nombra, transmite y reconoce como parte de su historia.

A partir de David Lapoujade en Las existencias menores, podemos comprender que hacer visible algo no significa simplemente mostrar aquello que estaba escondido, sino producir las condiciones para que una existencia pueda ser reconocida, sostenida y adquiera realidad en un determinado plano. Por eso, en el contexto del terrorismo de Estado, la invisibilización actuó como una clara continuidad de la violencia de la desaparición. La violencia estatal no concluyó con el secuestro y la desaparición física: se prolongó en la incertidumbre sobre el destino de las víctimas, en la ausencia de sus restos, en el silenciamiento de sus historias y en la dificultad para que sus nombres y las circunstancias de su desaparición fueran reconocidos públicamente.

Un testimonio que permite comprender con claridad esta dimensión es el de la familia Castillo, oriunda del barrio humilde de trabajadores Sakura, en la localidad de Burzaco (partido de Almirante Brown, Gran Buenos Aires). El 12 de enero de 1977, un grupo de tareas secuestró de su casa a Roberto Castillo, un obrero y militante social de la zona. Su esposa, Josefa, estaba embarazada de cinco meses. Le dijeron que se quedara tranquila, que en 24 horas se lo devolverían. Esa fue la última vez que lo vieron con vida.

A partir de allí comenzó una búsqueda incansable. Meses después nació Gastón, el séptimo hijo varón de la familia. En medio de la desesperación por encontrar a su esposo y obtener respuestas de un Estado que callaba, Josefa recurrió al mecanismo de la Ley de Padrinazgo Presidencial (Ley 20.843), que otorgaba el apadrinamiento del presidente de la Nación al séptimo hijo varón. Fue un recurso utilizado por la madre en plena búsqueda de su marido. Así, sin la presencia del dictador en la ceremonia, pero mediante la formalidad estatal, el genocida Jorge Rafael Videla figuró oficialmente en el acta de bautismo de la Iglesia Católica como padrino de Gastón, uniendo de manera perversa la identidad del recién nacido al asesino de su padre.

.

Gastón creció sin conocer toda la verdad hasta los doce años, cuando su madre le contó lo que le había ocurrido a su padre. Con los años, saber que el responsable de la desaparición de Roberto era formalmente su padrino de bautismo se convirtió en una carga insoportable. No fue hasta tiempo después que la propia familia, impulsada por su propia iniciativa y necesidad de verdad, se acercó de manera independiente a solicitar e iniciar los estudios de ADN con el Equipo Argentino de Antropología Forense.

Treinta y dos años después, la búsqueda de la familia dio sus frutos: el hallazgo y la identificación de los restos óseos de Roberto Castillo permitió a sus hijos recuperar su cuerpo para darle una sepultura digna. Los análisis periciales revelaron una verdad atroz: Roberto no había sido liberado ni trasladado a largo plazo, sino ejecutado a las pocas horas de su secuestro —sin superar las 24 horas— mediante un disparo en la nuca.

Saber la verdad de lo ocurrido y tener la certeza del crimen impulsó a Gastón Castillo a iniciar un trámite inédito ante el Obispado de Lomas de Zamora y la Iglesia Católica: solicitó la anulación formal del registro de padrinazgo de Videla. En 2010, la institución accedió y borró al dictador de los libros parroquiales, constituyendo el primer caso en Argentina en el que se anuló el padrinazgo de un represor condenado por delitos de lesa humanidad.

Este hecho invita a detener la mirada. La búsqueda de la familia no fue únicamente la búsqueda de un ser querido, sino una disputa directa contra la invisibilización. Aunque la identificación no devuelve a Roberto, hizo aparecer una verdad que durante décadas permaneció fuera de lo reconocible y de lo transmisible públicamente. La recuperación de los restos y la anulación de aquel bautismo impuesto permitieron romper el cerco del silenciamiento, inscribiendo su nombre y su historia en la memoria colectiva.

Esta reflexión abre una pregunta que amplía el alcance del concepto: ¿qué experiencias de nuestra historia reciente quedaron fuera de la mirada y de la memoria social, y qué procesos permitieron —o permiten— hacerlas visibles y reconocibles? Fijar la mirada en otros márgenes nos permite advertir cómo se invisibilizaron las violencias específicas sufridas por las mujeres en los centros clandestinos de detención, la persecución sistemática hacia personas travestis y trans, o las violencias padecidas por las comunidades originarias.

Llevar esta perspectiva al terreno educativo implica asumir una tarea pedagógica centrada en la forma de mirar e interpretar el mundo. La escuela es un espacio donde se construyen sentidos compartidos y se transmiten modos de comprender la historia. Trabajar la memoria desde las aulas no consiste simplemente en "buscar lo oculto", sino en enseñar a reconocer aquello que fue dejado fuera de los relatos habituales. En el ámbito de las instituciones escolares, esta noción permite interrogar la cotidianidad de las dinámicas educativas y formular preguntas fundamentales:

¿quiénes son los invisibilizados hoy en las aulas?, ¿qué realidades e identidades quedan silenciadas u omitidas en los documentos escolares? Comprender esto exige advertir que la invisibilización no es únicamente un hecho del pasado, sino una operación activa que aún atraviesa las prácticas institucionales y pedagógicas del presente. Preguntarnos qué historias y qué sujetos permanecen invisibilizados en la enseñanza es el paso imprescindible para construir una mirada crítica, reflexiva y transformadora.

Trabajar la memoria implica entender que la ausencia es una huella que exige ser mirada y nombrada. Para comprender la historia, no alcanza con observar lo que está a simple vista; debemos aprender a mirar lo que falta.

Porque fue mediante la ocultación y la falta de reconocimiento deliberadas como se buscó perpetuar la impunidad.

 

Porque hacer justicia requiere un ejercicio constante de ver, mostrar, reconocer y reparar.

Porque poner en el centro la palabra INVISIBILIZACIÓN nos enseña a mirar las ausencias para construir una memoria justa, visible y presente.

BIBLIOGRAFÍA

 

·       Calveiro, P. (2008). Poder y desaparición: Los campos de concentración en la Argentina. Colihue.

·       CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). (1984). Nunca Más: Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Eudeba.

·       Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

·       Lapoujade, D. (2018). Las existencias menores. Editorial Cactus.

·       Maniowicz, D. (2009, 24 de diciembre). "Quiero sacarme esta carga de encima". Revista Veintitrés.

·       Sousa Díaz, G. (2010). Entrevista a integrantes de la familia Castillo. Programa Jóvenes y Memoria.

 

Analía Belén Acosta

Profesorado de Educación Secundaria en Biología - 2.º Año

ISFD N.º 235


ÚLTIMAS NOTICIAS

Inicio General Madariaga Pinamar Villa Gesell Sociales Edictos / Convocatorias Nosotros Busqueda Facebook Twitter Instagram Contacto