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 PINAMAR - MALVINAS
Un pinamarense cruzó a nado el Estrecho de San Carlos

20/12/2025

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Guillermo Sívori es ingeniero, y desde hace un tiempo se propuso homenajear a aquellos que dejaron su vida en las islas. Una experiencia inolvidable y una valiosa lección de vida.


Pinamar (por Sergio Michnowicz).- El Ing. Guillermo Sívori es Clase 62. Por esas cosas del destino, si bien fue movilizado en la guerra de Malvinas, no estuvo en el frente de batalla como sí muchos de sus camaradas.


Pero siempre estuvo en su cabeza el deseo de estar en las islas y tratar de sentir lo que vivieron esos soldados argentinos en los 74 días que duró el conflicto. Y hacer algo que sirva para que la causa Malvinas no se pierda, y se siga hablando todo el año.


Correr o nadar


“Esto lo empecé a imaginar, a soñar, en post pandemia. Yo soy clase ’62 y de alguna forma estuve movilizado. No crucé las islas y lo digo no como una frustración sino con impotencia, porque amigos míos, entre los cuales tengo hermanos de la vida míos que sigo viendo actualmente, sí cruzaron a combatir. Yo sentía una deuda para con ellos, para con la gesta de Malvinas.”



  • ¿Dónde estabas movilizado?
  • Fui al Liceo Militar, y entonces tuve que presentarme en su momento en el liceo. Mis amigos, estos que viajaron, siguieron la carrera militar. Y a ellos los recibieron y fueron a la guerra. Pero ninguna guerra es justificable, menos en estas condiciones, en las que había en ese momento en el país, pero una cosa es la decisión de la guerra, y otra cosa, para mí, es la gesta de Malvinas y el reconocimiento a quienes lucharon en las islas. Y mucho más a quienes quedaron en las islas.
  • ¿Cuántas veces viajaste a las islas?
  • Esta fue la segunda vez. Anteriormente viajé en el 2023. Yo había corrido 41 maratones de 42 kilómetros, y quería correr mi maratón 42 en Malvinas. Y ahí viajé también con la idea de ver si podía realizar ese cruce nadando, pero la persona que organiza los viajes para el maratón me bajó la idea de entrada.

“Viajé con un veterano, Ricardo Aromando, un hermano mío de la vida, que combatió en la isla Gran Malvina con el Regimiento de Infantería 5.  Cuando cruzamos las islas, y mientras volábamos por arriba del estrecho de San Carlos, se me generó aún más el deseo de hacerlo.”


“Yo leí mucho de la historia de Malvinas, y además sé por lo que me comentaron mis amigos, que cruzar el estrecho de San Carlos durante la guerra era imposible, porque había un bloqueo aeronaval impuesto por los británicos, y hacía que fuera imposible cruzar mediante cualquier vía aérea i naval. Apenas cruzaron algunos comandos con infiltraciones por helicóptero, pero era imposible cruzar. Y la isla Gran Malvina quedó muy aislada de la isla Soledad, donde estuvo este amigo mío combatiendo. Aislada de pertrechos y de toda la logística.”


“Por ejemplo, el buque Isla de los Estados que le hacía la logística fue hundido cerca de donde yo nadé. De hecho, los únicos sobrevivientes fueron rescatados en la isla Cisne, que es muy cerquita de donde yo nadé. Entonces, me parecía importante el simbolismo de unir las dos islas, de alguna forma, unir a mis amigos, y hacer algo que había sido imposible durante la guerra.”



  • ¿Cuántos kilómetros tiene el estrecho?
  • Donde yo nadé, que es la parte más angosta del estrecho, es al norte. Normalmente, por las corrientes, se sale desde la isla Gran Malvina porque la corriente ahí tiene una dirección de oeste a este. En esa parte tiene 4000 metros. De hecho, lo medimos con el barco el día anterior y el Garmin nos dio 4100 metros. Después hay partes que tiene casi veinte kilómetros, pero esa es la parte más angosta o más estrecha del estrecho.
  • Fueron varias horas igual…
  • En realidad, fue bastante más rápido de lo que pensaba. En algún momento, así como me ayudó el viento y el oleaje, después se me complicó bastante. De hecho, fuimos seis los que intentamos cruzar, y casi tres los que pudimos terminar el cruce.
  • ¿Cuál fue la parte más complicada de la preparación?
  • De por sí todo fue complicado. Desde entrenar con frío hasta en pileta durante la noche, en pleno invierno, para poder aclimatarme a lo más cercano a las temperaturas que había allá. Sabía que el agua iba a estar alrededor de 6 o 7 grados. Acá en Pinamar nunca está esa temperatura; en el invierno lo más bajo que estuvo medido, 9 grados y largos.

“Pero en la pileta sí, era nadar de noche que era el horario de más frío. Aparte para salir, sacarme el traje de neoprene adentro del agua, tratar de hacer toda una aclimatación. Que gracias tuve gente que me ayudó con el entrenamiento, Carla Cerchi y Barrena, que fueron los que me dieron tips para ir haciendo la aclimatación, que era lo que más miedo le tenía.”



  • Llegaste a las islas. ¿Cómo fue este tema de mentalizarse para cumplir este objetivo?
  • El primer tema fue la incertidumbre de poder intentarlo, no de poder hacerlo. ¿Por qué? Por la meteorología. Nosotros llegamos a Malvinas el 22 de noviembre, el día del que mi hijo cumplía 25 años y que me acompañó a las islas. A la tarde fuimos al cementerio de Darwin a rendir honores a los caídos. El barco estaba en un puerto, en la Bahía San Carlos, en lo que llama Puerto Nuevo para la toponimia argentina, o New Heaven para los ingleses. En Darwin tengo un superior mío del Liceo Militar, que está sepultado allí. Fue un momento muy emotivo, sobre todo con mi hijo y con quien estábamos.

“Después fuimos a Colina Darwin a ver algunas posiciones de regimiento que estuvieron ahí, y al istmo de Darwin, y de ahí ya nos fuimos al barco. Y prácticamente todavía no empezamos a hablar de cómo sería la secuencia para entrar a nadar. Con nosotros viajó un rescatista que pagábamos entre todos los que íbamos a nadar, especializado en agua fría, Sebastián Rodríguez, que le dimos la plena autoridad para decidir quién nadaba, quién no.”


“El día domingo hicimos, en una bahía muy reparada, una pequeña incursión de unos dos mil metros como para que él pudiese ver cómo nadaba cada uno, los ritmos y demás.”



  • Te alargaste, empezaste a nadar, y faltando pocos metros, la cabeza empieza a trabajar de otra forma, seguramente. ¿Cuándo tocaste el otro lado qué te pasó?
  • En realidad, faltando unos cuatrocientos metros, el mar ya estaba muy complicado. Y ahí sí, no te digo que tenía hipotermia, pero sí frío. Pero lo juro, ahí pensé en mis amigos, los que habían estado combatiendo en el año 82, y el privilegio que yo tenía, de que tenía frío, pero terminaba de nadar y me subí a un barco con agua caliente, con algo para comer, para bañarme, y ellos no. Con lo cual dije, macho, seguí nadando.

“Cuando llegué al otro lado, queríamos terminar en una playa, en una entrada pequeña de arena, que es donde aparentemente pudo haber desembarcado parte de un comando británico, que fue el primero que atacó a las posiciones en el Regimiento de Infantería 25, en lo que se llama Promontorio Güemes o Altura 234. Queríamos llegar ahí por las condiciones del mar, porque había muchos riscos.”


Los metros finales fueron intensos por demás. El responsable del operativo que le pedía terminar antes a pesar de faltar 20 metros para la orilla y la tesitura de Guillermo de continuar. “Cuando subí al bote después de haber tocado las piedras de la isla Gran Malvina, se me fue el frío, se me fue todo, fue una mezcla de felicidad por el objetivo logrado, de satisfacción.”



  • ¿Lo volverías a hacer?
  • Tal vez, pero no exactamente lo que hice. Tenemos ganas de hacer algo distinto. El objetivo principal de esto fue, además, visibilizar lo que fue la gesta de Malvinas. Insisto, yo no reivindico la guerra, sí la gesta y sí a quienes estuvieron combatiendo y a quienes cayeron. Por lo menos poner el tema sobre la mesa yo creo que ya es importante.
  • Meritorio lo que hiciste, imborrable también para vos, porque fueron muy pocos los que hicieron ese cruce nadando y vos tenés el privilegio de haber sido uno de ellos, ¿no?
  • Gracias a Dios, sí. Recién me preguntabas lo que pasó inmediatamente. Como que empecé a caer un poquito en la realidad, pasas de la euforia al a estar ensimismado, a pensar en lo que hiciste.

“Sobre todo porque recibí mensajes, obviamente de mis amigos veteranos de guerra, pero también de veteranos que no conozco, agradeciéndome o felicitándome. Incluso de Ricardo Castro, que es el presidente del Centro de Veteranos de Guerra de Pinamar a quien no conozco personalmente, pero quedamos en conocernos.”


“El objetivo era ese, poner en un lugar o en estado público a los veteranos de guerra, que en su momento se les dio la espalda de una manera brutal acá en la Argentina. Es reivindicar lo que ellos hicieron, y lo que cualquier argentino puede hacer para ellos, me parece que suma” dijo finalmente Sívori.


19/12/2025


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