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Adorni, Insaurralde y el debate llano
01/07/2026

Por Guadalupe Reboredo @GuadaReboredo

Decía Arturo Jauretche en 1957: “Basta de triunfos morales”. En una nota en la revista Qué el pensador argumentaba que el voto en blanco, el cual resultara “ganador” en las elecciones presidenciales de ese año, no representaba una disputa política efectiva más allá de la demostración fehaciente de que el peronismo proscripto seguía vivo. La situación es bien diferente a lo que pasa hoy en Argentina pero la frase aplica.

Manuel Adorni dejó, finalmente, la jefatura de Gabinete. El viernes era un secreto a voces, el sábado antes de que jugara la Selección se confirmó la noticia mediante un tuit del susodicho. ¿Triunfo de la prensa? ¿De la oposición? ¿Del pueblo? Podríamos decir de que sí. Después de casi cuatro meses de sostener al funcionario contra viento y marea, Javier Milei dio el brazo a torcer y lo echó –aceptó su renuncia, para no faltar a la verdad-. El presidente que supo sostener a Sandra Pettovello cuando estalló el escándalo de los alimentos que no se repartían a los comedores y que defendió a Espert como cabeza de lista hasta último momento cedió ante presiones externas e internas y se deshizo del jefe de Gabinete, ahora suplantado por Diego Santilli. La pregunta es a quién responderá “el Colorado”, si al Pro a la Libertad Avanza o su propio juego, difícil responder por estas horas.

La figura de Manuel Adorni no hacía más que ensuciar al gobierno. Gastos injustificables que iban desde propiedades hasta sábanas de seda sirvieron para que los medios le devolvieran el maltrato, la soberbia y la ridiculización con que trató a más de un periodista en las conferencias de prensa. Puede que el Grupo Clarín haya jugado con Adorni una carta fuerte en la disputa por la compra de Telefónica, pero una vez que el Gobierno aprobó la venta de Telefónica a Telecom (Clarín es uno de los accionistas mayoritarios) tampoco aflojó el ataque mediático al jefe de Gabinete. Ministros, legisladores, Mauricio Macri en persona, le rogaron al Presidente que se lo sacara de encima, y así lo hizo.

Consenso general: Adorni no podía ejercer más su cargo. ¿Y ahora? Hace años que la política ha llegado a un punto muerto. La corrupción es uno de los temas que más preocupa a la población y es lógico. Nadie podría avalar el robo de los recursos, los fondos que no se sabe de dónde salen, los sueldos cobrados sin trabajar, el acomodo burdo, etc. Pretender que los funcionarios públicos, quienes en última instancia son empleados del pueblo, cumplan con estándares básicos de ética y moral es lo menos que se puede pedir. Cuando no cumplen el ojo se pone ahí. La condena está más que justificada pero ¿alcanza para levantar un país?

Desde Insaurralde hasta Adorni, todas las banderías políticas están manchadas. Los dirigentes de centro-izquierda acusados de corrupción son doblemente juzgados por llevar una prédica popular y llenarse los bolsillos; los políticos de centro-derecha tienen el agravante de pregonar transparencia y hacer lo contrario. Va más allá del robo: el cumpleaños de Fabiola en Olivos condenó a Alberto al ostracismo no sólo porque fue incompatible con sus propias medidas sino porque pegó directo en el corazón de todos los que no pudieron despedir a sus seres queridos víctimas del Covid.

No es lo mismo la viveza criolla que la estafa a gran escala o la falta total de decoro. Ahora bien, ¿todo se reduce al robo de los individuos? En el 2015 Elisa Carrió se postulaba a la presidencia con un spot que cerraba diciendo: “Lo que te falta es lo que se robaron”. ¿Quiénes? ¿Es Manuel Adorni responsable de que haya 24.400 empresas menos que a fines del 2023 (según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo)? ¿Y del desfinanciamiento a las universidades? Podríamos ubicarlo como “cómplice”, en tal caso, pero en tanto individuo, ¿qué cambia el corrimiento de Adorni?

En los últimos años –no sería exagerado decir en la última década- el debate político ha quedado reducido a delitos. “Lo que te falta es lo que se robaron” no es un slogan vacío en sí mismo: podría referir a las empresas mineras, las tecnológicas, Lewis y las tierras del sur, hasta los colonizadores si se quisiéramos ir más atrás. La misma sociedad que hacía estallar cualquier almuerzo familiar por la 125, la Ley de Medios, el matrimonio igualitario o el aborto hoy se resigna frente a las investigaciones judiciales de oficialistas y opositores, con resentimiento pero sin perspectiva. Quizás la falta de discusión política haya servido para recomponer lazos personales pero ¿a qué costo?

No se trata de justificar a ladrones, evasores y violentos sino de que cuando el debate se reduce a nombres, cuando no hay ideas ni programas de gobierno ni planificación ni proyección hacia el país que necesitamos/queremos/merecemos, perdemos todos. Cuando la política se aleja de las mesas del domingo y pasa a ser monopolio de unos pocos, mientras nos distraemos con los nombres propios, corremos el riesgo de caer en el “sálvese quien pueda” sin tener en cuenta que ningún individuo se realiza en una sociedad que no se realiza.

¿Alcanza con que los dirigentes sean honestos para sacar el país adelante? Basta de triunfos morales: castigo a quien lo merezca pero sobre todo ojalá volvamos a tener la capacidad de debatir ideas.

 


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