Redacción - Actualizado 17/09/2026
(Por Andrés Ziperovich) Ser destino de temporada es una bendición con fecha de vencimiento. Asegura un flujo de turistas que vuelve cada año a las mismas semanas de sol y playa, al mismo reencuentro familiar en las carpas, a las tardes de churros en la arena; pero esa fidelidad concentrada también factura una cuenta que pagan todos: el vecino que vive ahí, el turista que busca descanso y encuentra fila, la ciudad que se llena en enero y se vacía en abril.
El turista de enero es un objeto de competencia para Pinamar, Villa Gesell y General Madariaga. Pero el año tiene doce meses y las oportunidades de mejora están repartidas en cada uno de ellos. El Plan de Desestacionalización tiene su enfoque en esta problemática, con su apuesta más concreta: convertir al corredor en un destino también para quienes viajan por trabajo, no solo por vacaciones.
El turismo de ocio o vacacional es el más reconocido y el primero que viene a mente en el común de la sociedad; sin embargo, los números y la rentabilidad fijan su mirada en otro sector: el turismo MICE. Este es un sector enfocado en la organización y realización de reuniones, incentivos, conferencias y exposiciones con fines empresariales o de negocios.
Las cifras lo respaldan: en la Argentina, según el Anuario Estadístico del Observatorio Económico de Turismo de Reuniones, el sector generó en 2024 un impacto económico cercano a los $3,45 mil millones a partir de 3.641 reuniones realizadas en todo el país. Quien viaja por trabajo o para asistir a un congreso gasta, en promedio, entre cuatro y seis veces más que un turista de ocio tradicional. Además, buena parte de esos viajeros vuelve después de vacaciones con su familia: la fidelización empieza en una sala de reuniones y termina en la playa.
¿Captar turistas fuera de la temporada o seguir reforzando la relación con aquellos asiduos? Esta es la incógnita para diseñar el futuro de la región. Los datos demuestran que la distribución a lo largo del año provocaría una retroalimentación territorial y la diversificación de ingresos, en ese mismo lapso, provocaría también una mejora en la experiencia de ocio o vacacional de temporada alta.
.La imperiosidad de la desestacionalización tiene un socio clave: Buenos Aires. La capital del país concentra hoy cerca del 30% de las reuniones y el 68% de los eventos y lidera desde hace 15 años consecutivos el ranking continental de la International Congress and Convention Association (ICCA), con 91 eventos internacionales en 2025, por encima de Washington, San Pablo y Nueva York. La cercanía y el desequilibrio de demanda presentan una gran oportunidad. Con tarifas más competitivas el corredor atlántico puede pensarse como destino complementario para una porción de esos eventos.
Las oportunidades están a la vista, son alcanzables y realizables. Durante décadas, Pinamar, Villa Gesell y General Madariaga enfrentaron la problemática cada uno por su cuenta, compitiendo por el mismo visitante en lugar de sumar fuerzas para retenerlo más tiempo. La voluntad política de cooperar ya existió una vez; no hace falta inventarla desde cero. La apuesta ahora es distinta: construir una estructura que sostenga esa cooperación en el tiempo, más allá de los cambios de gestión municipal.
Una mesa política que defina el rumbo y apruebe los presupuestos compartidos; un equipo técnico que convierte esas decisiones en cronogramas y proyectos concretos; y un consejo asesor donde participen hoteleros, gastronómicos, emprendedores y otros actores del territorio. La meta del Plan de Desestacionalización es tener esa estructura funcionando en 2027 y contar con al menos tres productos turísticos que unan a los tres municipios para 2029.
La propuesta busca romper con una historia de fragmentación: tres municipios que navegaron individualmente durante años prueban ahora que se puede compartir el mismo mar sin que nadie pierda identidad propia, y ganar entre los tres algo que ninguno consiguió solo: turismo los doce mese
s del año.
