Por el orgullo, por nuestras identidades y por quienes abrieron el camino
Redacción - Actualizado 10/10/2026
Hay historias que no aparecen en los libros.
Hay nombres que no están en las placas, fotografías que nadie guardó y luchas que durante mucho tiempo parecieron no haber existido.
Pero existieron.
Existieron en cada persona que alguna vez tuvo miedo de decir quién era. En cada familia que tuvo que aprender a nombrar una identidad. En cada piba, pibe o pibx que buscó un lugar donde sentirse parte. En cada travesti que sobrevivió a la violencia. En cada persona trans que tuvo que pelear para que su nombre y su identidad fueran reconocidos. En cada lesbiana, gay, bisexual, no binarie o persona de la diversidad que alguna vez sintió que este pueblo no estaba preparado para elle.
Y también existió la resistencia.
Porque mucho antes de que hubiera banderas en nuestras plazas, hubo personas poniendo el cuerpo.
Por eso el Orgullo no empezó con una marcha. La marcha es el resultado de una historia.
En General Madariaga también tenemos una historia que contar.
Hace ocho ediciones salimos a las calles. No porque todo estuviera resuelto, sino precisamente porque todavía había mucho por transformar.
Salimos para decir que nuestras identidades existen en este pueblo. Que nuestras familias existen. Que nuestros amores existen. Que nuestras infancias y juventudes LGBT+ existen. Que quienes ya no están también forman parte de esta historia.
Y cada año que volvemos a encontrarnos llevamos con nosotres a quienes alguna vez marcharon y a quienes ya no pueden hacerlo.
Llevamos a quienes tuvieron que irse de Madariaga para poder vivir libremente.
A quienes encontraron su lugar en otra ciudad.
A quienes todavía no pudieron decirlo.
A quienes alguna vez recibieron una mirada, una palabra o un gesto que les hizo sentir que no pertenecían.
Y también llevamos a quienes, desde este mismo territorio, decidieron quedarse y transformar las cosas.
Porque la memoria LGBT+ también se construye desde los pueblos.
No todo sucede en las grandes ciudades. También acá hubo y hay personas que se organizan, que se acompañan, que discuten, que se equivocan, que vuelven a intentarlo y que ponen tiempo, cuerpo y corazón para que otras personas puedan vivir un poco más libres.
Eso también merece ser contado.
La historia de nuestra comunidad no puede reducirse a las conquistas que aparecen en las leyes.
Detrás de cada derecho hay una historia humana.
Detrás de una identidad reconocida hay alguien que tuvo que luchar para ser nombrade.
Detrás de una marcha hay quienes pusieron el cuerpo cuando todavía éramos muches menos.
Detrás de cada bandera hay personas que alguna vez pensaron que estaban solas.
Por eso queremos llevar nuestra historia a la memoria del pueblo.
Que quede escrito que en Madariaga también hubo lucha.
Que quede escrito que hubo personas LGBT+ antes de nosotres y que muchas veces tuvieron que vivir en silencio.
Que quede escrito que hubo quienes abrieron caminos sin saber si alguien los iba a continuar.
Y que quede escrito que hoy somos nosotres quienes tenemos la responsabilidad de seguir abriendo esos caminos.
No para olvidar lo que falta.
Al contrario.
Para recordar de dónde venimos y entender por qué todavía necesitamos estar juntes.
Porque el Orgullo no es solamente una fiesta.
Es memoria.
Es identidad.
Es comunidad.
Es la posibilidad de mirar a quienes vienen detrás y decirles:
no están soles.
Antes que ustedes hubo quienes resistieron.
Hoy estamos nosotres.
Y mañana serán otres quienes continúen esta historia.
En tiempos donde vuelven a aparecer discursos que cuestionan nuestras identidades, nuestros derechos y nuestras formas de vivir, recordar nuestra historia también es una manera de defenderla.
No queremos volver al silencio.
No queremos volver al closet.
No queremos que nuestras identidades sean utilizadas para dividirnos.
Queremos poder vivir en nuestros pueblos, estudiar, trabajar, formar nuestras familias, amar, envejecer y caminar por nuestras calles sin tener que pedir permiso para existir.
Y queremos que las nuevas generaciones conozcan esta historia.
Que sepan que la libertad que hoy pueden ejercer no cayó del cielo.
Fue construida por personas concretas.
Por quienes estuvieron antes.
Por quienes están ahora.
Por quienes alguna vez tuvieron miedo y aun así salieron.
Por quienes marcharon.
Por quienes acompañaron.
Por quienes cuidaron.
Por quienes sostuvieron una bandera cuando todavía parecía imposible.
Por eso, cuando volvemos a encontrarnos en una Marcha del Orgullo, no marchamos solamente por quienes somos.
Marchamos también por quienes fueron.
Y por quienes todavía están buscando el valor para poder ser.
Porque una comunidad que recuerda no empieza de cero.
Camina sobre las huellas de quienes hicieron posible que hoy podamos caminar.
Y mientras exista alguien que tenga que esconder su identidad para sentirse a salvo, seguiremos encontrándonos, organizándonos y marchando.
Porque el orgullo también es esto:
hacer memoria para que nadie vuelva a sentirse solo.
🏳️🌈 La memoria también marcha.
🏳️⚧️ Nuestras identidades también hacen historia.
✊ Y nuestra historia merece ser contada.
Silvane Altamiranda
