18/10/2020 - ANÉCDOTAS DEL ANTIGUO TUYÚ
No servís para una miércoles...

Continuamos compartiendo una serie de muy interesantes anécdotas ocurridas en el antiguo Pago del Tuyú, y que han sido recopiladas y escritas por el Dr. Mariano Cima. En esta ocasión, compartimos la nota 249


De Gral. Piran salieron con los carros cargados de materiales, y en la tarde del 8 de septiembre de 1908 llegaron a la Estancia "La Marta".
Una vez allí, el patrón de las carretas, Fortunato Olivera, de tan sólo 27 años de edad, ordena a sus peones desatar los caballos en la calle que da justo al frente de la cocina de peones del establecimiento; tarea que cumplieron, para inmediatamente ponerse debajo de uno de los carros a tomar unos mates y conversar sobre el viaje. Allí estaban Pedro Fernandez, Baldomero Torrillas y Cirilo Salomon.
Todos ellos eran de Pirán, a excepción del más joven, Salomon, nacido en Maipú, quien hacía poco tiempo estaba trabajando en las carretas, y como su patrón dijera, "nunca había tenido incidente alguno con él..."; incluso el mismo muchacho sabía poco y nada de su pasado..., tal es así que suponía tener la edad de 15 años, o si poseía otro apellido...
Todos parecían conformes con el viaje desarrollado menos el chico, quien se quejaba y protestaba que los caballos no tiraban: "¡no sirven para una miércoles...!". En ése momento de su "relato" llega el patrón y lo escucha, y le contesta: "...si no tiran más los caballos es por el estado de flaqueza en que se encontraban, y que debido a la seca, ni los estancieros tiene caballada gorda". Pero lejos de callarse el muchachito, le dice "¡ni aunque estuvieran gordos sirven para una miércoles....!". "¡El que no ha de servir para nada sos vos!" dijo Olivera, queriendo terminar el intercambio de palabras, pero mientras se retira, y a los pocos pasos, sin mediar más palabra alguna, Salomón lo atropella con un machete de cortar duraznillo que tenía guardado en el carro.
Olivera, desarmado, se defiende como puede interponiendo las manos y brazos para que no le lleguen los machetazos a su cara; intenta manotear el trebe de fierro que sostenía la pava, pero a causa de las heridas que ya tenía infligidas no lo logra levantar.
Cuando todo parecía que la suerte de Olivera estaba sellada..., llega el Mayordomo del establecimiento, y detiene al agresor, salvando al patrón de su segura desgracia.
Mientras Salomon se acomodó nuevamente debajo del carro junto a sus compañeros de trabajo, en completo silencio, Olivera fue llevado a la cocina a que le hicieran algunas curaciones.
Cerca de la hora de la oración llegó el agente Policarpo Alarcón, un paraguayo que se encontraba recorriendo el Cuartel de su jurisdicción, y los canales de desague, donde se había enterado de este suceso de sangre. Viendo las heridas sufridas por Olivera, Alarcón solicita un coche para trasladarlo al Destacamento, cosa que le fue autorizada. Sin perder tiempo lo detiene a Salomon, y en camino al Destacamento de los Montes Grandes, a sólo dos leguas de la estancia, lo encuentra al Cabo Felix Guzman, quien venía de refuerzo.
Los únicos testigos y compañeros carreteros no entendían la reacción del muchacho, quien sin mediar más palabra atacó al patrón, destacando que todos estaban "en estado normal...", es decir que no habían tomado bebida alcohólica alguna... por lo menos hasta ese momento...
El Sr. Comisario Diego Bracamonte, al ver llegar al detenido, no duda en solicitar al Registro Civil de Maipú le envíen el informe de la fecha de nacimiento del ¿aprendiz matrero?; como así también que se haga presente el médico cirujano Dr. Halliburton, para que describa las heridas de Olivera.
De algún modo los avances procesales en el antiguo Tuyú habían llegado, y ahora se solicitaban antecedentes a la Oficina Central de Identificación Dactiloscópica de La Plata, es decir que, "a tocar el pianito", fue a parar Salomón..., aunque una vez más, se desconocía todo de él, "no tenía antecedente criminal alguno...".
El 15 de septiembre, sumario de instrucción, detenido y machete tomaron rumbo al Juzgado del Crimen de Dolores, correspondiente esta vez al Dr. Miguez, pero éste antes de resolver, vuelve a solicitar al Dr. Halliburton, que le hiciera un nuevo informe de las heridas de Olivera y su evolución. El día 18 siguiente el médico cumple su cometido, donde describe la cantidad de heridas sufridas por Olivera en sus manos y brazos, remarcando la avanzada infección de las mismas "porque la primera curación fue hecha por manos sucias y torpes, con trapos quemados, y sépticos, y probablemente también á la falta consecutiva de higiene del mismo herido...". Sin perjuicio de ello, entiende que la heridas son leves, aunque por su estado último, sanarán pasado más tiempo.
Con dichos elementos, el Sr. Juez resuelve entonces, que las heridas son de carácter leve, y como lo ordenaba la Ley de aquellos tiempos, era el Juez de Paz del Tuyú quien debe sentenciar, y devuelve la causa, y por supuesto... a Salomon también.
Y como si lo hubiera agarrado el machete del aprendiz Salomón, la causa se cortó en ése momento..., se ignora qué pasó con él; la "ley de los Montes Grandes del Tuyú" se habrá expedido o habría "evolucionado" a los nuevos tiempos que corrían... sólo quedaron los vestigios de Salomón...y de sus dedos en la tinta tuyusera.



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