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Deportes



FÚTBOL / ENTREVISTA EXCLUSIVA

“Jugar en Boca fue algo especial”

Hugo Daniel Musladini, ese mismo al que el “Flaco” Menotti supo considerar como el “Pichón de Passarella”, habló mano a mano con EL MENSAJERO. El pasado, la actualidad y lo que puede venir: “Estamos esperando la posibilidad de tomar algún equipo”, dijo quien recientemente formó una dupla técnica con José Luis Villarreal, compañero en el “Xeneize”. Además, su relación con Los del Clan de Madariaga.

Por Claudio Barrueco Verano del 87. César Luis Menotti, recién llegado a Boca, dirige una de las primeras prácticas de fútbol y utiliza a un pibe de 21 años como lateral izquierdo. El “Flaco” queda seducido por la actuación de quien venía desempeñándose como volante ofensivo. Entonces, luego del entrenamiento, le hace una propuesta: “Quiero que juegues de central. ¿Te animás?”. Al fin de cuentas, el pibe no resiste la tentación. Incluso, según el propio técnico, enseguida pasaría a convertirse en el “Pichón de Passarella”. ¡Nada menos! “Siempre supe que no era verdad. Fue una frase que utilizó Menotti y que tomó mucha trascendencia. Hasta el día de hoy la gente se acuerda de eso. Pero entre Passarella y yo había un abismo…”, recuerda Hugo Daniel Musladini. El protagonista central de la historia presentada. Ese mismo que hace rato dejó de ser un pibe (el 19 de mayo cumplió 52 años) y por estas horas, sin condicionamiento alguno y acompañado por su amigo Fernando Marzullo, se predispone a charlar en exclusiva con EL MENSAJERO. Ahora bien, volvamos a eso de “Pichón de Passarella”. ¿Qué pasó después? “En esa época me fue bien, pero vinieron técnicos que no me pedían lo mismo que el ‘Flaco’. Querían que la reventara a cualquier parte y yo no sentía ese fútbol”, completa el capitalino que, más allá de Boca, llegó a actuar en San Martín de Tucumán, Alvarado de Mar del Plata e Independiente Santa Fe de Colombia. -Las lesiones te siguieron durante toda tu carrera. -Yo estoy operado 10 veces de las rodillas, lo cual me mantuvo parado por casi tres años. Me fui de Boca en el 93, pero no jugaba desde el 91. Y la verdad es que no quería saber más nada de fútbol. -Encima coincidiste con momentos complicados... -Sin dudas. En esa etapa, Boca llegó a estar embargado, no jugaba de local, no tenía lugar para entrenar. Y nosotros vivimos todo eso. Por ejemplo, más de una vez entrenamos en el Colegio Militar de El Palomar. Y hemos jugado en condición de local con climas bastante hostiles, porque nos levantaban la lona del alambrado y nos decían de todo. Realmente se nos hacía imposible consolidarnos en un campeonato. -En lo personal, ¿llegaste a estar deprimido? -No, nunca. Mi familia y un grupo de amigos constituyeron la base para salir adelante. Además, jugar en Boca fue algo especial. Porque yo hice casi toda la carrera ahí, desde muy chico, y pude debutar en Primera. Y eso, sobre todo, fue lo que me sostuvo en los peores momentos. -Futbolísticamente hablando, ¿en qué andás hoy? -Bueno, estoy metido en un club deportivo que se llama “Los Amigos”, algo que comparto con ex compañeros de Boca como (Carlos Fernando) Navarro Montoya, (Diego) Soñora, (Walter) Pico y José Luis Villarreal. Antes, llegué a estar tres años en Olimpo de Bahía Blanca junto a Walter Perazzo. -¿Y por qué no seguiste? -Walter dirigió la Selección Sub-20, primero, y acompañó a (Leonardo) Madelón en Olimpo, más adelante. Eso, sumado a que asumiría la dirección técnica en Olimpo mismo, hizo que estuviera varios años sin parar. Y en un momento me dijo que quería tomarse un descanso. Ahí coincidió que Villarreal, que llegó a dirigir en Estados Unidos, se volvió a la Argentina. Me planteó de hacer algo en conjunto. Y ahí estamos, esperando la posibilidad de tomar algún equipo. -¿A qué apuntan? -Y, está complicado. Porque lo primero que te anteponen es el hecho de no tener rodaje como entrenadores. En este caso, Villarreal iría como técnico y yo como ayudante, principalmente considerándose la experiencia de José Luis como ayudante de (Omar) Labruna en Audax Italiano y Colo-Colo de Chile, y el trabajo cumplido en Jacksonville de Estados Unidos. Sin embargo, en la mayoría de los lugares, lo primero que nos dicen es que no tenemos rodaje. Y la realidad es que hay un montón de entrenadores que se han iniciado sin experiencia. Otra cosa: uno tampoco conoce el trasfondo de las conversaciones de los dirigentes para tomar una decisión. Te llaman por teléfono y te dicen “mirá, te tiramos en una mesa en la que hay 50 tipos como candidatos…”. -¿Y entonces? -En Primera División es imposible agarrar algo. El único club en el que podríamos tener posibilidades es Belgrano de Córdoba, donde Villarreal es ídolo y laburó como manager antes de sumarse al cuerpo técnico de Labruna. De todas maneras, resulta fundamental tener un rodaje previo para poder desembarcar en esa categoría. -¿Los han sondeado? -Tuvimos contacto con clubes del Federal A y la Primera B Metropolitana. Incluso, ahora surgieron dos posibilidades: una del exterior y otra de un equipo del Nacional B. Pero como dije antes, el desenlace no es fácil. Prácticamente no te permiten sentarte en una mesa para hablar de un proyecto. -La palabra proyecto parece estar bastante desvalorizada… -Te diría que ya no existe. Porque los resultados tienen que darse de inmediato. Yo soy un convencido de que cuando uno toma un equipo, generalmente lo hace en malas condiciones. Entonces, por lógica, para ganar crédito con los hinchas y los dirigentes, se necesita de una serie rápida de resultados a favor. Y creo que a partir de ahí, en un tiempo prudencial, uno puede empezar a desglosar lo que pretende como equipo. Vos podés ser muy ofensivo. Pero si no ganás, chau. -A propósito, ¿cómo ves el fútbol argentino de hoy? -Está muy parejo. Un equipo chico, con un buen planteo, le puede hacer fuerza a cualquier equipo grande; incluso hasta le puede llegar a sacar un resultado favorable. Y eso se da en base a un fútbol mezquino, de estar atento a los errores. Ése es mi pensamiento. Y con Villarreal estamos de acuerdo en eso. Por supuesto que lo estamos. Después, bueno, hay que ver si cuando uno agarra, las circunstancias se dan a favor. Porque pueden influir un montón de cosas. Vos podés tener todo planificado para no cometer un solo error y ganar. Pero la pelota puede pegar en el palo y te quedás afuera. Esto es fútbol. Ni más ni menos. LA VIDA EN LA ZONA… Y MÁS FÚTBOL Ya pasaron unos siete años desde que Musladini decidió afincarse en tierras de la Costa Atlántica. “En 2010 me fui a Pinamar con un muchacho de Buenos Aires que es arquitecto”, expone el hombre de 1,85 metro. Y sigue su racconto: “A mí siempre me gustó el tema de la construcción. De hecho, yo diseñé mis últimas dos casas en Buenos Aires. El muchacho, entonces, sabiendo que eso me gustaba, me planteó la idea de montar una constructora y una inmobiliaria por esta zona. Y llegamos con esa premisa. Sin embargo, a los seis meses, hubo una diferencia y me abrí de la sociedad. Después, hice una buena amistad con Iván Renkine, de Dinamismo Inmobiliario. Me tentó para laburar y terminé abriendo una sucursal de él en Cariló. Estuve dos o tres meses con eso. Hasta que recibí el llamado de Perazzo para ir a Olimpo y me volví a insertar en el fútbol”. -¿Por acá pudiste hacer algo relacionado al deporte? -En cuanto a fútbol, no. De todas maneras, el “Colorado” (Carlos) Mac Allister, que es el Secretario de Deportes de la Nación, me dio la posibilidad de trabajar con algún club que tenga sus papeles al día y demás. -¿Cómo es eso? -Bueno, la Secretaría de Deportes apoya el crecimiento de los clubes. Pero para que los clubes puedan recibir subvenciones y todo lo que viene detrás, necesitan tener los papeles en regla. En este sentido, Los del Clan de Madariaga tenía todo ordenando. Y desde el año pasado estoy colaborando con esa institución. -¿Qué hacés ahí? -Estoy con chicos menores de 14 años. Viajo a Madariaga tres veces por semana y colaboro con dos o tres categorías. Y me siento contento. Los del Clan está creciendo mucho. -¿Tenés alguna perspectiva de la Liga Madariaguense? Hoy, El León de Madariaga, uno de los clubes que la integran, está peleando duro en el Torneo Federal B… -Con respecto a lo último, la competencia hace que uno crezca. Y traslado un poco esto a Buenos Aires, donde el potrero ya no existe más. Cuando alguien tenía una edad joven, de inicio, el potrero te daba la posibilidad de rozarte con gente más grande. Y eso te daba muchas mañas y enseñanzas. Hoy, al no estar el potrero, tendría que estar el formador. Pero lamentablemente el formador, por una cuestión económica de los clubes, casi que no está presente. No hay mucha gente preparada para eso. Y hoy a los chicos hay que formarlos. Se han dejado muchas cosas de lado por la necesidad de los padres, las familias, por querer que lleguen rápido. Entonces, hay un sistema que es bastante difícil. Lo veo en el fútbol local. Y también veo que cuando sobresale algún chico se lo llevan. Y eso hace que los compañeros no crezcan. -Y se saltean pasos… -Y, claro. Ése es el gran problema. Los clubes no pueden retener a los jugadores que sobresalen. Tampoco las divisiones a través de los años, porque se van desmembrando y no llegan chicos que puedan sustituir a los que se fueron. Eso hace que no se terminen de formar los grupos. Entonces, cuando llegan a Primera, lo hacen con menos roce y menos enseñanza. Y pasa en todos lados, es algo que está generalizado. Hace 20 o 30 años, el promedio de edad de un equipo de Primera era de 25 a 28 años. Y el jugador que emigraba a Europa debía tener al menos seis o siete años en Primera. Hoy, en cambio, hay jugadores que se fueron sin registrar un solo partido en Primera. Y así se terminan neutralizando un montón de proyectos. Los equipos tienen un promedio de edad de 21 a 22 años. Y el hincha, por ejemplo, va a la cancha y no se encuentra con un (Ricardo) Bochini, que era un tipo representativo de su club. No hay referentes. Y eso se nota en todos los equipos.


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