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General Madariaga



MANO A MANO CON EL MENSAJERO

Antonio Carrasco, calidad de exportación

El arquitecto que reside en Pinamar viene de una experiencia tan enriquecedora como fascinante: la Bienal de Arquitectura Latinoamericana. “Nosotros competimos con obras de bajo costo y extrema calidad”, concluyó sobre el evento que tuvo sede en Pamplona, España.

Tiene el entusiasmo de un pibe que recién arranca. Cuenta que nació en Madariaga, que al poco tiempo lo llevaron a Pinamar y que cumplirá 40 años en noviembre. También admite sentirse feliz (muy feliz) por algo que pasó hace casi dos meses. Y hete aquí, justamente, el foco de la charla… “Entre el 25 y el 28 de abril estuve presente en la Bienal de Arquitectura Latinoamericana”, rememora Antonio Carrasco sobre un evento que tuvo sede en Pamplona, con extensiones en ciudades como Madrid y Barcelona. Todo esto en España, claro. -¿De qué se trata? -Es algo muy prestigioso, porque esta Bienal se rige por la trayectoria de los arquitectos. Las convocatorias son abiertas y llegan a postularse distintos profesionales. Y hay que cumplir ciertos requisitos. En el caso de la BAL 2017 había que mandar un trabajo para, selección mediante, tener la posibilidad de exponer. Yo mandé cinco obras terminadas y cinco proyectos. -¿En dónde están ubicadas las obras? -Una en Buenos Aires y las cuatro restantes entre Pinamar, Villa Gesell y el Partido de la Costa. Y esa también fue una particularidad importante. -Así, el mundo puede conocer esta parte de Argentina… -Por supuesto. De hecho, las presentaciones fueron comenzadas con fotos aéreas que tomé en toda la región. La idea apuntó a mostrar nuestro contexto de trabajo. -El objetivo de la Bienal, entonces, es presentar las prácticas más recientes y destacadas de los arquitectos jóvenes que ejercen en territorio latinoamericano. -Exacto. Primero se buscan arquitectos jóvenes que no tengan más de 40 años. Y a partir de eso hay una selección de acuerdo a lo pretendido. Yo estaba en el límite, porque mandé las obras y los proyectos luego de haber cumplido 39. -¿Cuántos participantes hubo? -Para la Bienal de Pamplona se eligieron 15 oficinas de arquitectura de Latinoamérica. La representación de Argentina estuvo dada con cinco de ellas, lo cual demuestra que nuestra producción es bastante más extensa que la de otros países. -Y ahí te llegó la posibilidad… -Sí. A fines de 2016 hubo convocatoria para tres oficinas de Capital Federal, una de Córdoba y la nuestra de Pinamar. La verdad, un poco nos sorprendió. Porque las oficinas seleccionadas tienen vínculo con alguna universidad. No es el caso de la nuestra. Entonces resultó al menos extraño… -Una vez en la Bienal, ¿en qué se hace hincapié? -Lo valorado es la coherencia en la obra. Como en cualquier otra profesión, uno puede tener mayor o menor suerte con alguna obra. Pero en este caso, como se considera la trayectoria, todo es más difícil. Uno ya tiene que tener cierta cantidad de obras de calidad. Y esa es otra dificultad que se debe superar. Antonio Carrasco, quedará claro, es alguien híper reconocido. Arquitecto por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (2007), él mismo se encargará de exponer el camino recorrido… “Hice primaria y secundaria en Pinamar. Después, me recibí de Maestro Mayor de Obras en la Escuela Técnica de Madariaga, me fui a estudiar a la UBA y, gracias a una beca, terminé haciendo un Máster de Arquitectura en España. Allí viví dos años. Y al regreso ya me quedé en Pinamar”, puntualiza quien, además, ha dado unas cuantas charlas en universidades y colegios de arquitectos. Su obra fue publicada en varios medios especializados. Y su trabajo obtuvo diferentes premios nacionales e internacionales de arquitectura. “Nuestras obras fueron seleccionadas, premiadas y expuestas en la Bienal Internacional de Arquitectura Argentina, en 2014 y 2016. También participamos en bienales de Venezia y San Pablo”, enumera el hombre con suma modestia. Claro, según propias palabras, “uno nunca debe olvidar de dónde viene y cómo hace su trabajo diario”. -¿Se sigue de otra manera luego de haber vivido una experiencia tan enriquecedora? -Sin dudas. En el trayecto profesional hemos recibido distintas distinciones y cada una de ellas hace que nos vayamos animando a más. Y es ahí cuando uno entiende que va por el camino correcto. Con lo de la BAL 2017, además, en varios lugares empezaron a valorar algo que es consecuencia del reconocimiento exterior. Por ejemplo, tuve la posibilidad de dar una conferencia en la Universidad de Mar del Plata. Y me llegaron a llamar de Clarín, porque no se explicaban cómo un arquitecto pasó directamente de Pinamar a la Bienal de Pamplona… -¿Cuál es la conclusión? -Bueno, la BAL 2017, más allá de la premiación y la difusión del trabajo, también ha sido un evento para compartir experiencias con otros arquitectos. Son colegas que están en el mismo corte de edad, con experiencias similares, pero distintas por el lugar de pertenencia y las realidades de los países. En ese sentido, a modo anecdótico, me reuní con uno de los representantes de México. Y ese muchacho me llegó a hablar de una obra de no sé cuántos millones de dólares… Lo que quiero decir es que nosotros competimos contra todo eso con obras de bajo costo y extrema calidad. Trabajamos con menos elementos, pero con más cabeza. Y eso es algo que te enriquece muchísimo.


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