13/09/2020 - MADARIAGUENSES DESTACADOS HISTORIAS EN TIEMPOS DE PANDEMIA
Federico Irazábal: “Tuve los primeros contactos con el universo artístico a través de la Escuela de Bellas Artes Divisadero”

En estas páginas, cuenta detalles de su formidable trayectoria como crítico teatral, gestor cultural y docente universitario a nivel nacional e internacional


En estas páginas, cuenta detalles de su formidable trayectoria como crítico teatral, gestor cultural y docente universitario a nivel nacional e internacional

Hijo de María Inés Álvarez y Rubén Néstor Irazábal, tiene una rica y trascendente carrera profesional como crítico teatral, integrando las instituciones más prestigiosas del país sobre esa actividad.

Vive desde los 18 años en Buenos Aires, lugar en el que forjó su importante trayectoria. Actualmente, entre otras cosas, se dedica a la gestión cultural pública.

En esta nota, cuenta a EL MENSAJERO no sólo sus logros y experiencias, sino también sus recuerdos de Madariaga.

Sus comienzos
“Estudié en la Escuela Normal Domingo Faustino Sarmiento. A los 18 años vine a Buenos Aires para estudiar Licenciatura en Artes en la UBA. Si bien Madariaga es presente aún para mí, tengo a mis padres allí y eso hace que esté muy al tanto de todo lo que pasa, habitualmente no tengo mucho tiempo para visitarlos. Vienen ellos más de lo que yo voy para allá.

En los últimos años, por mi trabajo, me he pasado la vida de viaje. El poco tiempo que tenía para estar en Argentina lo disfrutaba estando en mi propia casa.

Pero los recuerdos de Madariaga son entrañables. Agradezco cada día el haberme criado en un pueblo en el que nos conocíamos todos, en donde los chicos andábamos por la calle con absoluta libertad y tuvimos la fortuna de crecer lejos de la mirada adulta (o por lo menos de no verla tan omnipresentemente).

Recuerdo los juegos siempre rodeados de la naturaleza, las idas a pescar a la laguna y por supuesto, los primeros contactos con el universo artístico a través de la Escuela de Bellas Artes Divisadero.

Recuerdo los años de estudio junto a “Pepe” Lorenzo -un antes y un después en mi trayectoria profesional- mi trabajo junto a Marta Costa, y por supuesto el paso por Gente de Teatro de General Madariaga (GTGM) y por La Pasión. Mi vocación por el teatro se remite precisamente a GTGM: ellos organizaban un concurso de teatro para chicos que estábamos en la escuela. No recuerdo si tenía 15, 16 o 17 años. Me anoté con mis dos mejores amigos de entonces (Graciela Knesevich y Guillermo Marzullo) para hacer una obra, que fue fundamental para mí. No era buena, pero fue importante en términos personales, existenciales.

Todos esos primero años escribiendo poesía, con “Lelé” Laforgue en la Sociedad de Escritores de Madariaga, leyéndonos unos a otros, me permitió estar rodeado siempre de gente más grande que yo, grandes y entrañables amigos. Muchos de ellos, lamentablemente ya no están.

Con GTGM fue donde hice mi trabajo más largo y que más me marcó. De allí quedaron algunos de los pilares de mi vida actual, como Fabrizio Zotta, a quien conocí cuando el tenía apenas 12 años en un taller de teatro para niños. Fue allí en donde me di cuenta qué me gustaba del teatro y qué haría después. Y tiempo después, lo hice. Todo lo que soy, es lo que empezó allí.

Buenos Aires y la universidad me dieron una formación muy estricta, y que considero muy sólida, pero que tiene sus primeros pasos en esas noches de invierno en el Viejo Galpón.

- Contanos acerca de tu carrera profesional…
Ya en Buenos Aires comencé a dedicarme a la crítica periodística, y eso me llevó a conocer gente muy linda, con la que hasta el día de hoy trabajo o estoy vinculado. Escribo críticas de teatro para el diario La Nación, he trabajado en tele y en radio y en muchísimas revistas.

Me dedico, como mis padres, a la docencia -que la tengo en el alma- en la UBA, en una maestría en gestión cultural, y en una Universidad de Los Ángeles, USA.

Desde hace un tiempo a esta parte descubrí la gestión cultural pública y es algo a lo que me dedico casi por entero.

Fui miembro del Consejo Directivo del Instituto Nacional de Teatro que depende del Ministerio de Cultura de la Nación, cosa que me permitió conocer la realidad teatral de grupos y salas de todo el país.

Durante casi dos años fui Director del Consejo Provincial de Teatro Independiente, dependiente de la actual Secretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires. Fue una experiencia fabulosa que me permitió conocer a la gran mayoría de los grupos teatrales bonaerenses.

Y desde hace ya cinco años soy Director Artístico del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires.

- ¿Cómo te encuentran estos tiempos de pandemia?
La situación pandémica me tiene como a todos, y por sobre todo, a los que estamos en este sector. El teatro fue el primero en cerrar y será el último en abrir. Es muy doloroso todo lo que está pasando.
En lo personal, fui adaptándome mucho a la nueva coyuntura, moviendo todas mis actividades a plataformas virtuales. Estaba ya en pleno curso cuando se dictó la cuarentena y, sin transición, tuve que convertir el curso en uno virtual. Cuando arrancó mi trimestre en la UBA ya estaba preparado para encuentros online.

Pero extraño sobremanera las noches en los teatros, esas idas tres o cuatro veces por semana a ver alguna obra de algún amigo, o algún artista que admiro. Hoy eso está vedado y sólo espero que más antes que tarde esta situación se revierta y podamos volver a poner en movimiento una máquina que enorgullece a todos los argentinos, como es nuestro teatro.


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